domingo, 30 de marzo de 2008

EL CAMINO DE LA VIDA, ES PERFECTO.

Solo empieza andar, disfrutalo. Recoge, y da lo mejor que encuentres. (Abel Desestress) Tú eres el camino y la meta, y no hay distancia entre la meta y tú. Tú eres el buscador y lo buscado; no hay distancia entre el buscador y lo buscado. Tú eres el devoto y la devoción. Tú eres el discípulo y el maestro. Tú eres el medio y el fin. Este es el Gran Camino. Cuando no se entiende el significado profundo de las cosas, se perturba en vano la paz esencial de la mente. El Camino es perfecto, como el espacio infinito donde nada falta y nada sobra. De hecho, es debido a nuestra elección de aceptar o rechazar que no vemos la verdadera naturaleza de las cosas. No vivas en los enredos de las cosas externas ni en los sentimientos internos de vacío. Mantente sereno, sin hacer esfuerzos, en la unidad de las cosas, y tales falsos conceptos desaparecerán por sí solos. Cuando tratas de parar la actividad para alcanzar la pasividad, el propio esfuerzo te llena de actividad. Mientras estés en un extremo o en el otro, nunca conocerás la Unidad. Aquellos que no viven en el Camino único fracasan en ambas: actividad y pasividad, afirmación y negación. SI ENTIENDES, habrá paz. Si no entiendes habrá desasosiego, tensión, angustia. El hecho de que alguien esté angustiado muestra que no ha entendido las cosas, el significado profundo de las cosas. Y vas acusando a otros de que es por ellos que estás angustiado. Aquí nadie está angustiado por nadie. Estás angustiado debido a tu no-entender o a tu mal-entender. Una vez que comprendes que cambiar el mundo entero no es responsabilidad tuya, lo único que puedes hacer es cambiarte a ti mismo. Un místico sufí, escribió en su biografía: «Cuando yo era joven pensaba y le decía a Dios: "Dame fuerza para cambiar el mundo entero", y esto era la base de todas mis oraciones. Me parecía que el mundo entero estaba equivocado. Yo era un revolucionario y quería cambiar la faz de la Tierra. »Cuando me hice un poco más maduro empecé a rezar: "Por lo visto eso es demasiado. Se me está yendo la vida de las manos; ya se me ha ido casi la mitad y no he cambiado ni a una sola persona, qué decir del mundo entero". Así que le dije a Dios: "Con mi familia será suficiente. Déjame cambiar a mi familia". »Y cuando me hice viejo, me di cuenta de que hasta mi familia era mucho pedir, además ¿quién soy yo para cambiar a nadie? Entonces me di cuenta de que si me pudiera cambiar a mí mismo sería suficiente, más que suficiente. Le recé a Dios: "Ahora he llegado a la verdadera cuestión. Al menos permíteme hacer esto: me gustaría cambiarme a mí mismo". »Y Dios contestó: "Ahora ya no queda tiempo. Eso lo tenías que haber pedido al principio. Entonces todavía había una posibilidad". Todo el mundo pide esto al final. El que lo pide al principio, ha entendido la naturaleza de las cosas. Este comprende que aun cambiar uno mismo no es una tarea fácil. Eres todo un mundo dentro de ti; llevas en ti el mundo entero. Todo lo que existe, existe en tu interior. Eres todo un universo, no una cosa pequeña; si este cambio puede ocurrir lo habrás conseguido. Osho

sábado, 29 de marzo de 2008

LA LEY DEL EFECTO CONTRARIO

Solo deja que tu conciencia disfrute de la existencia, y la paz se hara en tu mente. (Abel desestress) Hace sólo ya, unos años, hubo un hipnotizador francés, Emile Coué, que redescubrió una de las leyes básicas de la mente humana. La llamó «la ley del efecto contrario»; este es uno de los sutras más antiguos del pensamiento taoísta y del zen. Sosan está hablando de esta ley. Intenta comprenderla, y entonces sus palabras te serán fáciles de entender. Por ejemplo, si no tienes sueño ¿qué harás? Tratarás de dormirte; harás esfuerzos, harás esto y aquello, pero todo lo que hagas tendrá justo el efecto contrario; no traerá lo que necesitas. Ocurrirá justo lo contrario, porque cualquier actividad, cualquier esfuerzo, irá en contra del sueño. Dormir es una relajación. No puedes provocarlo, no puedes hacer nada para que ocurra; no forma en absoluto parte de tu voluntad. Dormir es entrar en el inconsciente y tu voluntad es simplemente un fragmento de la consciencia. Cuando entras en el inconsciente, en lo profundo, dejas en la superficie la parte que es consciente, el fragmento que es la voluntad. No puedes llevar tu superficie a la profundidad, no puedes llevar tu circunferencia al centro. Por eso cuando haces esfuerzos para dormir, estás haciendo algo autodestructivo. Estás haciendo algo que se convertirá justo en lo opuesto; te despertarás aún más. La única manera de entrar en el sueño es no hacer nada. Si no viene, no viene. Espera... ¡No hagas nada! De otra forma lo alejarás aún más y crearás una distancia. Simplemente espera, apaga la luz, cierra los ojos, relájate y espera. Cuando llega, llega. No puedes provocarlo con ningún acto de tu voluntad; la voluntad está en contra del inconsciente. Y esto ocurre con muchas cosas de la vida: que ocurre justo lo contrario. Si quieres estar en silencio, ¿qué harás?; porque el silencio es como el sueño. No puedes forzarlo. Sólo puedes permitir que ocurra, es un dejarse llevar, pero no hay forma de producirlo. ¿Qué harás si quieres estar en silencio? Si haces algo estarás aún menos en silencio. Si quieres estar tranquilo, ¿qué harás?; porque quietud significa no-hacer. ¡Solamente flotas, solamente te relajas! Y cuando digo que solamente te relajas, quiero decir solamente. No hay que usar ningún método para relajarse, porque cualquier método significaría de nuevo que estás haciendo algo. Hay un libro que se titula ¡Tienes que relajarte! Y el «tienes que» va justamente en contra de la relajación; el «tienes que» no se debería incorporar, si lo haces así te pondrás más tenso. Esta ley fue descubierta por Emile Coué, quien dijo: «Deja que las cosas ocurran, no las fuerces». Hay cosas que se pueden forzar; todo lo que pertenece a la mente consciente se puede forzar. Pero hay cosas que no: todo lo que pertenece al inconsciente, a tu profundidad, no se puede forzar. Ocurre muchas veces: intentas recordar un nombre o un rostro y no lo consigues, aunque sientes que lo tienes justo en la punta de la lengua. La sensación es tan intensa que te parece que va a llegar en cualquier momento y tratas de que te venga a la memoria. Y cuanto más lo intentas, menos te viene. Hasta empiezas a sospechar si esta sensación es real. Pero lo sientes; todo tu ser te dice que está ahí, justo en la punta de la lengua. ¿Pero por qué no te viene si está justo ahí? No te saldrá. Hagas lo que hagas, no te saldrá. Entonces te sientes frustrado, te desesperas y te olvidas del asunto. Sales al jardín y te pones a trabajar en él, o te pones a leer el periódico o enciendes la radio y escuchas música; y de repente te viene a la memoria. ¿Qué ha ocurrido? Pertenecía al inconsciente, estaba en lo profundo de ti. Y cuanto más lo intentabas, más difícil se hacía; y cuanto más lo intentabas más se perturbaba el inconsciente. Entonces todo se volvió un caos, todo se removió. Estaba ahí, justo en la punta de la lengua, pero al tú estar tan activo intentando recordarlo... estabas usando la voluntad, y la voluntad no puede traer las cosas de tu profundidad. Sólo a través de la rendición puedes hacerlo, sólo cuando te dejas llevar. Así que cuando te fuiste al jardín, al parque o empezaste a leer el periódico o a cavar un hoyo en el suelo o a escuchar música, te olvidaste completamente del asunto..., y de repente ahí lo tienes. Esta es la ley del efecto contrario. Recuerda, con el inconsciente la voluntad no sirve para nada; no es que no sirva para nada sino que además resulta peligrosa, perjudicial. Osho

jueves, 27 de marzo de 2008

Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra.

La verdad, no esta en manos de Sacerdotes, Pastores o Maestros. Solo yace dentro de ti. Esperando que la despiertes y goces de su totalidad. (Abel Desestress) Vive sin opiniones. Vive desnudo, sin ropa alguna, sin opiniones acerca de la verdad, porque la verdad detesta todas las opiniones. ¡Abandona todas tus filosofías, teorías, doctrinas, escrituras! ¡Abandona toda esa basura! Vive en silencio, sin elegir, con los ojos simplemente dispuestos a ver lo que hay, de ninguna manera esperando ver tus deseos realizados. No cargues con deseos. Se dice que el camino del infierno está completamente lleno de deseos, de buena voluntad, de esperanzas, de sueños, de arco iris, de ideales. El camino del cielo está absolutamente vacío. ¡Despréndete de todas las cargas! Cuanto más alto quieras llegar, más ligero tendrás que ir. Si quieres ir a los Himalayas tendrás que dejar toda la carga. Al final, cuando llegues al Gurisankar, al Everest, tendrás que dejarlo todo. Tendrás que ir completamente desnudo, porque cuanto más alto llegues, más ligero necesitarás estar. Y todas las opiniones son cargas. No alas. Sin opiniones, sin ninguna preferencia... Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra. Si quieres saber la verdad no seas ni creyente ni ateo. No digas: «Dios existe», ni: «Dios no existe», porque lo que sea que digas se convertirá en un deseo profundo. Y proyectarás todo lo que haya oculto tras el deseo. Si quieres ver a Dios como un Krishna con una flauta en sus labios, algún día lo verás; no porque Krishna esté ahí, sino tan sólo porque tienes una semilla de deseo que proyectas en la pantalla del mundo. Si quieres ver a Jesús crucificado, lo verás. Lo que quieras se proyectará, pero es sólo un mundo de sueños; no te estás acercando a la verdad. No plantes ninguna semilla en tu interior: vive sin opinión, sin ningún pensamiento a favor o en contra, sin filosofía. Simplemente ve lo que hay. No lleves contigo ninguna mente. Vive sin mente. Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra. La lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta es la enfermedad de la mente. ESTA ES LA ENFERMEDAD DE LA MENTE: Lo que a uno le gusta y lo que le disgusta, a favor y en contra. ¿Por qué está la mente dividida? ¿Por qué no puedes ser uno? Te gustaría, desearías ser uno, pero continúas alimentando las divisiones, las preferencias, el «esto me gusta» y «esto no me gusta». no tener ninguna preferencia por esta vía o por aquella. Simplemente ir vacío. Simplemente ir sin ninguna opinión. Ve simplemente disponible, receptivo. Un maestro está para ayudarte a dejar las opiniones, a dejar la mente. Y si el propio maestro se convierte en una elección entonces también se convertirá en una barrera. De nuevo has vuelto a elegir, de nuevo has usado la mente. Y cuanto más usas la mente, más se refuerza, más fuerte se hace. No la uses. Es difícil, porque dirás: «¿Y qué le ocurrirá a nuestro amor? ¿Qué va a ser de nuestro compromiso? ¿Qué va a ser de nuestras creencias? ¿Qué va a ser de nuestra religión, de nuestra Iglesia, de nuestro templo?». Estas son tus cargas. Libérate de ellas, y deja que ellas se liberen de ti. Te están manteniendo aquí, arraigado, y la verdad quiere liberarte. Liberado llegas, con alas llegas, sin peso llegas. La lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta es la enfermedad de la mente. ¿Cómo curarse? ¿Hay alguna manera de superar esta enfermedad? No, no hay manera. Uno simplemente tiene que entenderlo. Uno simplemente tiene que mirar el hecho en sí mismo. Uno sólo tiene que cerrar los ojos y mirar en su propia vida; observarla. Y sentirá la verdad. Y cuando sientes la verdad, la enfermedad desaparece. No hay ningún remedio para ella, porque si se te da algún remedio, ese remedio te empezará a gustar. Entonces olvidarás la enfermedad pero empezará a gustarte el remedio, y el mismo remedio se convertirá en la enfermedad. Y nadie más que tú lo ha creado; es la enfermedad de tu mente: preferir, elegir. No decidas. Acepta la vida en su totalidad. Tienes que ver la totalidad: la vida y la muerte juntas, el amor y el odio juntos, la felicidad y la desgracia juntas, la agonía y el éxtasis juntos. Si los ves juntos, entonces ¿qué quedará para elegir? Si ves que son uno, entonces ¿por dónde va a entrar la elección? Si ves que la agonía no es otra cosa que éxtasis, y el éxtasis agonía; si puedes ver que la felicidad no es otra cosa que infelicidad; que el amor no es otra cosa que odio y el odio, amor; entonces ¿dónde elegir? ¿cómo elegir? Entonces la elección desaparece. No es que tú la dejes. Si eres tú el que la dejas, se convertirá en una elección; esta es la paradoja. No supongas que tienes que dejarla, porque si la dejas, eso ya quiere decir que has elegido a favor y en contra. Ahora tu elección es la totalidad. Estás a favor de la totalidad y en contra de la división, pero la enfermedad ha entrado. Es algo muy sutil. Simplemente entiende, pues la propia comprensión hace que la elección desaparezca. Nunca la abandonas. Simplemente te ríes... Osho

martes, 25 de marzo de 2008

Vivir si pedir, lo que no puedes dar.

No esperes la perfeccion de los actos de nadie, menos cuando yerras sobre tu propia experiencia. (Abel Desestress) Jesús no hace distinciones, pero el cristianismo sí, porque una religión tiene que hacerlas; una religión tiene que convertirse en algo moral. Y una vez que una religión se ha vuelto moral ya no es una religión. La religión es la cosa más osada que existe. Se necesita un gran valor para vivir sin elegir, porque la mente dice: «¡Elige!». La mente dice: «¡Di algo!» Esto está mal, esto está bien. Esto es bonito, esto es feo. Amo esto, odio aquello». La mente dice: «¡Decídete!». La mente tiene la tentación de dividir. Una vez que divides, la mente se encuentra a sus anchas. Si no divides, si dices: «No voy a decir nada. No voy a juzgar», la mente se siente como en su lecho de muerte. Aristóteles dice que A es A y nunca puede ser no-A; los opuestos no se pueden encontrar. Buda dice que no hay opuestos; que ya se han encontrado, que siempre han estado encontrándose. Esta es una de las verdades más fundamentales de las que uno tiene que darse cuenta: que los opuestos no son opuestos. Tú eres el que dice que lo son, pero no lo son. Míralo existencialmente y sentirás que son la misma energía. Tú amas a una persona... «He estado casada durante diez años y mi marido y yo jamás hemos discutido por nada. Y ahora de repente, ¿qué es lo que ha pasado? Él me ha abandonado». Ella pensaba que el hecho de que nunca se hubieran peleado, demostraba que estaban muy enamorados. Eso es absurdo; pero es aristotélico; la mujer es absolutamente lógica. Ella me dijo: «Hemos estado casados durante diez años. Nunca hemos discutido ni nos hemos enfadado el uno con el otro. Estábamos tan enamorados que nunca nos peleábamos por ninguna razón. No tuvimos ni un sólo momento de disputa. Y en cambio ahora, ¿qué ha ocurrido? ¡De repente me ha dejado! ¿Se ha vuelto loco o qué? Nos adorábamos». Ella se equivoca. Si el amor es tan grande tiene que haber alguna disputa. Algunas veces os peleareis. Y la lucha no destruirá el amor, sino que lo enriquecerá. Si hay amor, se enriquecerá al pelear; si no hay amor, entonces os alejareis, os separareis. Diez años es mucho tiempo; hasta veinticuatro horas es mucho tiempo para estar constantemente en un estado mental, porque la mente se mueve hacia lo opuesto. Amas a una persona pero a veces te enfadas. En realidad, sólo porque amas te puedes enfadar. ¡A veces odias! Algunas veces te sacrificarías por tu amante, y otras quisieras matarle. Y tú eres ambas cosas. Que nunca os peleaseis durante esos diez años, sólo significa que no había ningún amor. Significa que no era una relación. Y que teníais mucho miedo a que cualquier enfado, cualquier conflicto, cualquier cosa sin importancia pudiera romperlo todo. Teníais tanto miedo, que nunca discutisteis. Nunca creísteis que el amor pudiera ser más profundo que la disputa, que la pelea pudiera ser momentánea y que después de ella cayerais uno en brazos del otro aún más profundamente. No, nunca confiasteis en eso. Por eso es que os las apañabais para no pelear. Y entonces no hay por qué sorprenderse de que el hombre se haya ido: «Lo que a mí me sorprende es que haya sido capaz de estar contigo durante todos esos años. ¿Por qué razón?». Una vez vino un hombre y me dijo: «Algo le pasa a mi hijo. Le conozco muy bien; y siempre ha sido obediente. No se puede encontrar un muchacho mejor que él. Jamás me ha desobedecido, nunca me ha contestado. Y ahora de repente se ha vuelto hippie. Ya no me escucha. Me mira como si ya no fuera su padre. Me mira como a un extraño. Siempre me había obedecido en todo. ¿Qué es lo que le ha ocurrido a mi hijo?». No le ha ocurrido nada. Esto es lo que se debe esperar, porque si un hijo realmente ama a su padre también le desobedece. ¿A quién si no va a desobedecer? Si un hijo realmente ama a su padre y confía en él, también a veces le tiene que desobedecer; porque sabe que la relación es tan profunda que no se romperá por desobedecer. Por el contrario, se enriquecerá. Los opuestos se enriquecen. En verdad, lo opuesto no es lo contrario. Es sólo un ritmo, el ritmo de lo mismo; obedeces y luego desobedeces; es sólo un ritmo. Porque si no, estar siempre solamente obedeciendo y obedeciendo hace que todo se vuelva monótono y sin vida. La monotonía es la naturaleza de la muerte, porque lo opuesto no está ahí. La vida está viva. Lo opuesto está ahí, hay un ritmo. Te vas, vuelves; te despides, llegas; desobedeces, y luego también obedeces; amas y odias. Así es la vida, pero no la lógica. La lógica dice que si amas no puedes odiar. Que si amas, ¿cómo vas a enfadarte? Si amas de esa forma amas de una forma monótona, siempre lo mismo. Pero entonces te pondrás tenso, te será imposible relajarte. La lógica cree en un fenómeno lineal: se mueve en una línea. La vida cree en círculos: la misma línea sube, baja y se convierte en un círculo. Seguramente habrás visto el símbolo chino del yin y el yang. La vida es así: el encuentro de los opuestos. Este círculo del yin y el yang es mitad blanco y mitad negro. En la parte blanca hay un punto negro, y en la parte negra hay un punto blanco. El blanco se mueve hacia el negro, y el negro se mueve hacia el blanco; es un círculo. La mujer moviéndose hacia el hombre, el hombre moviéndose hacia la mujer...: así es la vida. Y si lo observas minuciosamente, lo verás dentro de ti.

lunes, 24 de marzo de 2008

LA MENTE ES UNA ENFERMEDAD.

Atreverse a descubrir que es la mente, solo es una labor para aquellos que la usan. (Abel Desestress) Esta es una verdad básica que Oriente ha descubierto. Occidente dice que la mente puede enfermarse, o puede sanarse. La psicología occidental depende de esto: que la mente puede estar sana o enferma. Pero Oriente dice que la mente como tal es la enfermedad, que no puede estar sana. Ninguna terapia psiquiátrica puede servir de ayuda; como mucho puede hacer que esté normalmente enferma. Así que en relación a la mente existen dos tipos de enfermedades: normalmente enferma (esto es, que tienes la misma enfermedad que otros a tu alrededor) o anormalmente enferma, que quiere decir que padeces algo único. Tu enfermedad no es algo ordinario; es excepcional. Tu enfermedad es algo individual, no colectivo; esta es la única diferencia. O normalmente enferma o anormalmente enferma, pero la mente no puede estar sana. ¿Porqué? Oriente dice que la propia naturaleza de la mente es tal que siempre estará enferma. La palabra «salud» es hermosa, procede de la misma raíz que la palabra «totalidad». Salud, curación, totalidad, sagrado o santo…: todas estas palabras proceden de la misma raíz. La mente no puede estar sana porque nunca puede estar entera. La mente siempre está dividida; la división es su base. Si no puede estar íntegra ¿Cómo va a poder estar sana?, y si no puede estar sana ¿Cómo va ser sagrada? Todas las mentes son profanas. No existe cosa tal como una mente santa. Un hombre santo vive sin mente porque vive sin división. La mente es la enfermedad. ¿Cómo se llama esta enfermedad? Su nombre es Aristóteles, o si prefieres que que realmente parezca una enfermedad puedes llamarla «aristotelitis». Así suena totalmente como una enfermedad. ¿Por qué es Aristóteles la enfermedad? Porque dice: «O esto o lo otro. ¡Elige!». Y elegir es la función de la mente; la mente no puede existir sin elegir. Al elegir caes en la trampa, porque siempre que eliges lo haces en contra de algo. Si estás a favor de algo, tienes que estar en contra de algo; no puedes estar solamente a favor ni puedes estar totalmente en contra. Cuando el «a favor» entra, el «en contra» le sigue como una sombra. Cuando aparece el «en contra», el «a favor» aparece también; oculta o abiertamente. Cuando eliges, divides. Entonces dices: «Esto está bien, esto está mal». Y la vida es una unidad. La existencia no puede dividirse, la existencia es un profundo «unísono». Es unidad. Si dices: «esto es bonito y esto es feo», la mente ha entrado en escena, porque la vida es las dos cosas juntas. Lo bonito se vuelve feo, y lo feo se va haciendo bonito. No hay una línea divisoria; no se les puede poner en compartimentos separados. La vida va fluyendo de esto a aquello. El hombre tiene compartimentos fijos. La naturaleza de la mente es la fijación, y la fluidez es la naturaleza de la vida. Es por eso que la mente es obsesión; está siempre fija, es sólida. Y la vida no es tan sólida; es fluida, flexible, se mueve hacia lo opuesto. Algo está vivo en este momento y al siguiente está muerto. . Aristóteles hizo de ella la base de su lógica y de su filosofía. No puedes encontrar un hombre más distante de Socrates o de Jesus, que Aristóteles, porque Socrates dice: «Ni esto ni aquello, no elijas». «Vive sin elegir». «¡No hagas distinciones!». Desde el momento en que haces una sola distinción, desde el momento en que la elección aparece, ya estás dividido, fragmentado; has enfermado, no estás entero. Recuerda, si le preguntas a un cristiano... Este realmente no sigue a Jesús, sino que básicamente sigue a Aristóteles. El cristianismo está basado más en Aristóteles que en Cristo. Jesús se parecía más a Socrates, pues dice: «¡No juzgues y no serás juzgado!»; dice: «No elijáis. No digáis: ¡Esto es bueno y esto es malo! Eso no os concierne. Dejad que la totalidad decida. No os convirtáis en jueces». Pero el cristianismo no está orientado hacia Jesús. Los fundadores del cristianismo fueron más aristotélicos que cristianos. No se puede construir una Iglesia basándose en Socrates o en Jesús. ¿Cómo vas a poder levantar una Iglesia sin elegir? Una Iglesia tiene que estar a favor o en contra de algo; tiene que estar a favor de Dios y en contra del diablo. Y en la vida Dios y el diablo no son dos, son uno. El diablo es una cara y Dios es la otra cara de la misma energía; no son dos.

domingo, 23 de marzo de 2008

Entendiendo la Existencia. Parte1

Entender que existes es comprender, que tu mente no es el camino, para disfrutar la existencia, (Abel Desestress) El Gran Camino no es difícil para aquellos que no tienen preferencias. Cuando ambos, amor y odio, están ausentes todo se vuelve claro y diáfano. Sin embargo, haz la más mínima distinción, y el cielo y la tierra se distancian infinitamente. Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra. La lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta es la enfermedad de la mente. (Osho) ¿Qué haces cuando estás cerca de una cascada? La escuchas, te quedas quieto y en silencio, absorbes. Permites que la cascada vaya entrando cada vez más profundamente dentro de ti. Entonces todo se calma y se queda en silencio en tu interior. Te conviertes en un templo; lo desconocido entra a través de la cascada. ¿Qué haces cuando escuchas los cantos de los pájaros, o el viento pasando a través de los árboles, o las hojas secas cuando el viento se las lleva? ¿Qué haces? Simplemente escuchas. No quiero venderte ninguna idea, las ideas no interesan. No estás aqui para convencerte. Simplemente florece. Es una cascada, una catarata, un viento soplando a través de los árboles, o tan sólo el canto de los pájaros; sin significado, pero con mucho sentido. Tienes que absorber este sentido, sólo entonces serás capaz de entender. Así que escucha pero no pienses. Entonces es posible que ocurran muchas cosas dentro de ti. No empieces a pensar. Una hermosa roca; ¿qué hacer con ella? Te deleitas en ella. La tocas, la recorres, sientes su musgo. ¿Qué haces con las nubes que se mueven en el cielo? Danzas sobre la tierra, las miras, o simplemente te tumbas y te quedas quieto; las miras y las dejas flotar. Te llenan. No solamente el cielo exterior; poco a poco, cuanto más en silencio te quedas, van llenando también tu cielo interior. De repente ya no estás ahí, sólo hay nubes moviéndose, adentro y afuera. La división desaparece, ya no hay ninguna delimitación. Te has convertido en cielo y el cielo se ha convertido en ti. Osho

sábado, 22 de marzo de 2008

La verdad es la mayor ofensa

Cuando encuentres un maestro, que solo te enseñe el camino, mas no a decirte como transitarlo. Has encontrado la llave para tu propia existencia. (Abel Desestress) Me gustaría que aprendieras de todas las fuentes, que disfrutaras de cada ser único con el que te encuentres. Pero nunca sigas a nadie ni intentes ser exactamente como otra persona; la Existencia no lo permite. Sólo puedes ser tú mismo. OSHO La Verdad es la Mayor Ofensa No eres tú el que te has alejado demasiado, son ellos los que han ido demasiado lejos, y han estado alejándose durante millones de años. La distancia entre el hombre real y hombre tal como existe en el mundo, se ha hecho casi insalvable. Están tan alejados de su propia realidad que han olvidado el camino de vuelta. Han olvidado cuál era su propósito al venir aquí. Hay una antigua parábola... Un rey muy sabio quería que su hijo su único hijo y sucesor fuera también muy sabio antes de sucederle y convertirse en rey de su vasto reino. El anciano eligió un camino muy extraño: Envió a su hijo lejos del reino, le dijo que le abandonaba, que debía olvidar completamente que era un príncipe. «Ya no es un príncipe y no voy a hacerle mi sucesor.» Le fue arrebatado todo, sus hermosos ropajes, sus ornamentos...; le dieron las ropas de un mendigo y de noche le metieron en un carruaje para expulsarle del reino. Había órdenes estrictas de no permitir su regreso al reino bajo ningún concepto. Pasaron los años; el príncipe se convirtió en un verdadero mendigo y olvidó que había sido príncipe. De hecho no tuvo que hacer esfuerzos para olvidar, porque era un mendigo. Pedía ropa, alimento, abrigo y había ido aceptando lentamente la condición en la que se encontraba. Después de muchos años, un día estaba sentado a la puerta de un hotel, pidiendo. Era pleno verano y quería conseguir suficiente dinero para comprarse un par de zapatos de segunda mano, por supuesto ¬porque la tierra le quemaba como el fuego y caminar sin zapatos era imposible. Tenía heridas en los pies y tan sólo pedía que le dieran unas cuantas monedas. En aquel mismo momento un gran carro dorado se detuvo delante del hotel y descendió de él un hombre que le dijo: «Tu padre te llama para que regreses. Es muy anciano, casi está muriendo y desea que seas su sucesor.» En un segundo el mendigo desapareció. Aquel hombre cambió completamente; se podía ver en su cara, en sus ojos... las ropas seguían siendo las de un mendigo, pero el hombre era totalmente distinto. Se reunió a su alrededor una gran multitud -la misma multitud ante la que había estado poniendo la mano para recibir unas monedas- y todos comenzaron a mostrarle su gran amistad. Pero él ni siquiera les presta¬ba atención. Subió al carro, se sentó en él y dijo al hombre que había venido a buscarle: «En primer lugar llévame a un lugar hermoso donde pueda darme un buen baño, encontrar ropa adecuada a mi condición, zapatos y ornamentos, porque sólo como príncipe puedo presentarme ante el rey.» Volvió a casa y lo hizo como príncipe. Dijo a su padre: «Sólo quiero preguntarte una cosa: ¿Por qué he tenido que mendigar durante tantos años? Realmente me había olvidado... Si no me hubieras pedido que re¬gresara, habría muerto como un mendigo, sin recordar jamás que había sido un príncipe.» El padre dijo: «Es lo que mi padre hizo conmigo. No lo hice para hacerte daño, sino para que pudieras experimentar los extremos de la vida: el mendigo y el rey. Y todo el mundo existe entre estos extremos. Aquel día te dije que olvidaras que eras un príncipe; ahora quiero decirte que ser príncipe o mendigo son sólo identidades que nos dan los demás. No es tu realidad, no eres tú: no eres el príncipe ni el mendigo. En el momento que te das cuenta de que no eres lo que el mundo pien¬sa de ti, no eres lo que pareces ser sino algo tan profundamente escon¬dido dentro de ti que nadie excepto tú puede verlo, entonces es cuando un hombre se hace sabio. De este conocimiento procede la sabiduría. Yo me sentí enfadado con mi padre y sé que tú debes sentirte enfa¬dado conmigo. Pero perdóname porque tenía que dejarte una cosa clara: no te identifiques con ser rey, no te identifiques con ser mendigo, porque estas identidades pueden cambiar en un momento. Y aquello que puede cambiarse no eres tú. Tú eres algo eterno, inmutable. La gente se ha alejado mucho de su realidad y el hecho de recordársela les hace sufrir. No quieren ver sus heridas; no quieren que se les recuerde lo que han tratado de olvidar y perdonar con tanto esfuerzo. De alguna forma se las han arreglado para crearse una identidad en el mundo..., No debes tener en cuenta su comportamiento en absoluto. Están completamente dormidos. Estamos intentando hacer algo que no les deja dormir, y naturalmente se sienten alterados y reaccionan. Esto es totalmente aceptable. ¿Pero durante cuánto tiempo van a reaccionar? Esta cuestión plantea un gran desafío. Si pierdes la esperanza has perdido el juego. Die OSHO: Yo no voy a perder el juego. Yo seguiré haciendo lo mismo hasta mi último aliento, sea cual sea su reacción. Sólo trayendo su reacción a la superficie existe una posibilidad de cambio. Pero es algo que tomará tiempo porque durante miles de años han estado alejados de sí mismos. Debes tener paciencia con ellos porque ellos necesitan tu compasión, necesitan tu paciencia. Vendrán a casa; quieren venir a casa, pero admitir que aún no están en casa contraría su ego. De a misma forma que va contra su ego reconocer que son falsos, que son farsantes. Pero su misma reacción: tirarme piedras, cuchillos, encarcelarme o crucificarme, les va a hacer cambiar. Ésa es la única manera que tienen de empezar a pensar en lo que están haciendo y en porqué se sienten ofendidos. Sólo te sientes ofendido cuando se dice una verdad, algo que has estado ocultando. Nunca te ofenden las mentiras. La verdad es la mayor ofensa. OSHO

miércoles, 19 de marzo de 2008

No hay mayor mentira que la muerte

Solo cuando entiendes, que nada debes temer, empiezas a disfrutar tu existencia. (Abel Desestress) Cuando el hombre ha conocido algo, se libera de ello. Y cuando el hombre ha llegado a conocer algo, es capaz de triunfar sobre ello. Nuestro fracaso y nuestra derrota sólo se deben a nuestra ignorancia. La derrota se debe a la oscuridad: cuando hay luz, la derrota es imposible: la luz se convierte en victoria. Lo primero que quisiera deciros de la muerte es que no hay mayor mentira que la muerte. Pero, con todo, la muerte parece verdadera. No sólo parece verdadera, sino que parece, incluso, que es la verdad cardinal de la vida: parece que toda la vida está ordenada por la muerte. Aunque la olvidemos, o aunque no la tengamos en cuenta, la muerte sigue estando cerca de nosotros por todas partes. La muerte está aun más cerca de nosotros que nuestra sombra. Hemos estructurado nuestras mismas vidas a partir de nuestro miedo a la muerte. El miedo a la muerte ha creado la sociedad, la nación, la familia y los amigos. El miedo a la muerte nos ha hecho perseguir el dinero y nos ha hecho ambicionar posiciones sociales más elevadas. Y lo más sorprendente es que nuestros dioses y nuestros templos también han surgido del miedo a la muerte. Por miedo a la muerte, hay personas que rezan de rodillas. Por miedo a la muerte, hay personas que rezan a Dios con las manos unidas y elevadas hacia el cielo. Y nada más falso que la muerte. Por eso, cualquier sistema de vida que hayamos creado creyendo que la muerte es verdadera se ha convertido en falso. ¿Cómo conocemos la falsedad de la muerte? ¿Cómo podemos saber que no hay muerte? Mientras no lo sepamos, no perderemos el miedo a la muerte, nuestras vidas seguirán siendo falsas. Mientras exista el miedo a la muerte, no podrá haber vida auténtica. Mientras temblemos de miedo hacia la muerte, no podremos acopiar la capacidad de vivir nuestras vidas. Sólo pueden vivir aquellos para los que la sombra de la muerte ha desaparecido para siempre. ¿Cómo podrá vivir una mente asustada y temblorosa? Y ¿Cómo es posible vivir cuando parece que la muerte se acerca a cada instante? ¿Cómo podemos vivir? Por mucho que dejemos de tener en cuenta la muerte, nunca la olvidamos del todo. No importa que llevemos el cementerio a las afueras de la ciudad: la muerte sigue mostrándonos su rostro. Todos los días muere alguien; todos los días se presenta en alguna parte la muerte y hace temblar los cimientos mismos de nuestras vidas. Cuando vemos que se produce la muerte, somos conscientes de nuestra propia muerte. Cuando lloramos la muerte de alguien, no sólo nos hace llorar la muerte de esa persona, sino también el recuerdo renovado de la nuestra propia. No sólo sentimos dolor y pena por la muerte de otra persona, sino por la posibilidad aparente de la nuestra propia. Toda muerte que acontece es, al mismo tiempo, nuestra propia muerte. Y ¿Cómo podemos vivir, mientras sigamos rodeados de la muerte? Vivir de esta forma es imposible. Así no podemos conocer lo que es la vida: ni su alegría, ni su belleza, ni su bendición. Así no podemos alcanzar el templo de Dios, la verdad suprema de la vida. Los templos que se han creado por miedo a la muerte no son los templos de Dios. Las oraciones que se han compuesto por miedo a la muerte tampoco son oraciones dirigidas a Dios. Sólo el que está lleno de la alegría de la vida alcanza el templo de Dios. El reino de Dios está lleno de alegría y de belleza, y las campanas del templo de Dios sólo repican para los que están liberados de los temores de todo tipo, para los que se han quitado de encima todos los miedos. Esto hace parecer difícil, dado que nos gusta vivir con miedo. Pero esto no es posible: sólo puede ser verdadera una de las dos cosas. Recordadlo: si la vida es verdadera, entonces la muerte no puede ser verdadera; y si la muerte es verdadera, entonces la vida no será más que un sueño, una mentira: entonces la vida no puede ser verdadera. Las dos cosas no pueden existir simultáneamente. Pero nosotros nos aferramos a las dos cosas a la vez. Tenemos la sensación de que estamos vivos y tenemos además la sensación de que estamos muertos. He oído hablar de un faquir que vivía en un valle lejano. Mucha gente iba a visitarlo para hacerle preguntas. Una vez, un hombre llegó ante él y le pidió que le explicara algo acerca de la vida y de la muerte. El faquir dijo: -Te invito a aprender sobre la vida: mi puerta está abierta. Pero si quieres aprender sobre la muerte debes ir a otra parte, porque yo no he muerto ni moriré nunca. No tengo experiencia con la muerte. Si quieres aprender sobre la muerte, pregunta a los que han muerto, pregunta a los que ya están muertos. El faquir se rió y siguió diciendo: -Pero ¿cómo podrás preguntar a los que ya están muertos? Y si me pides la dirección de un muerto, no puedo dártela. Pues desde que he llegado a saber que no puedo morir, también sé que nadie muere, que nadie ha muerto jamás. Pero ¿cómo podemos creer a este faquir? Todos los días vemos morir a alguien; la muerte se presenta diariamente. La muerte es la verdad suprema; se hace visible penetrando hasta el centro de nuestro ser. Podemos cerrar los ojos, pero, por lejos que estemos de ella, sigue visible. Por mucho que nos apartemos de ella, por mucho que huyamos de ella, sigue rodeándonos. ¿Cómo podemos demostrar la falsedad de esta verdad? Por supuesto, algunas personas intentan demostrar su falsedad. Solo por su miedo a la muerte, la gente cree en la inmortalidad del alma: por puro miedo. No saben: se limitan a creer. Todas las mañanas, algunas personas se sientan en un templo o en una mezquita y repiten: “Nadie muere: el alma es inmortal.” Se equivocan al creer que el alma se hará inmortal por el mero hecho de repetir las palabras “el alma es inmortal”. La muerte nunca se vuelve falsa por estas repeticiones: sólo conociendo la muerte es posible demostrar su falsedad. Recordemos que esto es muy extraño: siempre aceptamos lo opuesto a lo que no dejamos de repetir. Cuando alguien dice que es inmortal, que el alma es inmortal; cuando repite esto, no hace más que indicar que sabe, muy dentro de sí, que morirá, que tendrá que morir. Si supiera que no ha de morir, no tendría que hablar tanto de la inmortalidad; sólo los que tienen miedo siguen repitiéndolo. Y veréis que la gente teme a la muerte en aquellos países, en aquellas sociedades que más hablan de la inmortalidad. En nuestro país se habla incansablemente de la inmortalidad del alma; pero ¿hay alguien en la Tierra que tema a la muerte más que nosotros? ¡Nadie teme a la muerte más que nosotros! ¿Cómo podemos reconciliar estos dos extremos? ¿Es posible que un pueblo que cree en la inmortalidad del alma caiga en la esclavitud? Preferiría la muerte; estaría dispuesto a morir, pues sabría que no hay muerte. ¡Los que saben que la vida es eterna, que el alma es inmortal, serían los primeros que llegarían a la Luna! ¡Serían los primeros que escalarían el Everest! ¡Serían los primeros que explorarían las profundidades del océano Pacífico! Pero no: nosotros no somos de esos. Ni escalamos el Everest, ni llegamos a la Luna ni exploramos las profundidades del océano Índico. ¡Y nosotros somos el pueblo que cree en la inmortalidad del alma! En realidad, nos da tanto miedo la muerte que, por miedo a ella, no dejamos de repetir: “El alma es inmortal”. Y nos hacemos la ilusión de que, a fuerza de repetirlo, quizá se haga realidad. Nada se hace realidad a fuerza de repetirlo. No es posible negar la muerte a base de repetir que la muerte no existe. Tendremos que conocer la muerte, tendremos que encontrarnos con ella, tendremos que vivirla. Tendréis que familiarizaros con ella. Pero, en vez de ello, no dejamos de huir de la muerte. ¿Cómo podemos verla? Cuando vemos la muerte, cerramos los ojos. La muerte es nuestra propia sombra. Si huimos de ella, no seremos capaces de plantarnos ante ella y de reconocer lo que es. Nadie puede escaparse de una sombra; nadie puede, siquiera, luchar con una sombra y vencerla. Pero esto no quiere decir que la sombra sea más fuerte que nosotros, ni que no podamos vencer nunca; lo único que quiere decir es que no hay sombra, que no es una cuestión de vencer. No podemos triunfar sobre lo que no existe. Por eso se sigue dejando derrotar la gente por la muerte: porque la muerte no es más que una sombra de la muerte. Mientras la vida avanza, su sombra la sigue también. La muerte es la sombra que se forma tras de la vida, y nosotros no queremos nunca volver la vista atrás para ver lo que es. Hemos caído agotados muchas veces, después de haber realizado esta carrera una y otra vez. No es que hayáis llegado a esta orilla por primera vez: podéis haber estado aquí antes; quizás no fuera esta orilla; sería alguna otra orilla. Quizás no fuera este cuerpo: sería algún otro cuerpo. Pero la carrera debió ser la misma. Las piernas debieron ser las mismas; la carrera debió ser la misma. Vivimos muchas vidas cargando con el miedo a la muerte, pero no somos capaces de reconocerla ni de verla. Estamos tan asustados y tan llenos de miedo que, cuando se acerca la muerte, cuando su sombra total se cierne sobre nosotros el miedo nos deja inconscientes. En general, nadie se mantiene consciente en el momento de la muerte. Si nos mantuviéramos conscientes por una vez, el miedo a la muerte desaparecería para siempre. Si una persona viera, aunque sólo fuera una vez, lo que es morir, lo que sucede en la muerte, la siguiente vez no tendría miedo a la muerte porque no habría muerte. Esto no quiere decir que triunfaría sobre la muerte: sólo podemos triunfar sobre las cosas que existen. Por el simple hecho de conocer la muerte, ésta desaparece. Entonces no queda nada sobre lo que triunfar. Hemos muerto muchas veces, pero cada vez que se ha producido la muerte nos hemos quedado inconscientes. Esto se parece a cuando el médico o el cirujano nos anestesia antes de operarnos para que no sintamos el dolor. Tenemos tanto miedo a morir que en el momento de la muerte nos quedamos inconscientes voluntariamente. Nos quedamos inconscientes un poco antes de morir. Morimos inconscientes, y después renacemos en un estado de inconsciencia. No vemos la muerte ni vemos el nacimiento; por ello, nunca somos capaces de comprender que la vida es eterna. El nacimiento y la muerte no son más que paradas donde nos cambiamos de ropa o cambiamos de caballos. El nacimiento y la muerte no son más que postas donde se cambia de vehículo: donde se dejan atrás los vehículos viejos, donde se abandonan los caballos cansados y se toman otros de refresco. Pero ambos actos tienen lugar en nuestro estado de inconsciencia. Y la persona cuyo nacimiento y cuya muerte se producen en este estado de inconsciencia no puede vivir una vida consciente: realiza su vida casi en un estado semiconsciente, casi en un estado de semivigilia. Lo que quiero decir es que es fundamental ver la muerte, comprenderla, reconocerla. Pero esto sólo es posible cuando morimos; sólo podemos verlo cuando estamos muriendo. Entonces, ¿qué haremos ahora? Y si sólo vemos la muerte cuando estamos muriendo, entonces no tenemos manera de comprenderla, pues en el momento de la muerte estaremos inconscientes. Sí: podemos hacer algo ahora. Podemos realizar el experimento de entrar en la muerte por voluntad propia. Y puedo decir que la meditación o samadhi no es nada más que eso. La experiencia de entrar voluntariamente en la muerte es la meditación. el samadhi. El fenómeno que se producirá automáticamente un día al dejar el cuerpo podemos producirlo voluntariamente creando un distanciamiento, dentro de nosotros, entre el yo y el cuerpo. Así, dejando el cuerpo desde dentro, podemos conocer el suceso de la muerte, podemos conocer el acontecimiento de la muerte. Podemos conocer la muerte hoy, esta tarde, porque el acontecimiento de la muerte significa simplemente que nuestra alma y nuestro cuerpo conocerán, en ese viaje, la misma distinción entre ambos que se producen cuando el viajero deja atrás su vehículo y prosigue su viaje. OSHO

martes, 18 de marzo de 2008

Abel Desestress

El camino es muy liso, claro y plano. Los hombres complican su andar. (Abel Desestress) No estoy aquí para convencerte de nada. No estoy aquí para darte dogma alguno, ni un credo con el que vivir. Estoy aquí para arrebatarte todos los credos porque solamente entonces podrá la vida suceder en ti. No te voy a dar nada sobre lo que puedas vivir. Simplemente te estoy quitando todos los apoyos, todas las muletas. ******** Todo mi esfuerzo se centra en empujarte hacia la muerte, en empujarte hacia el abismo de los desconocido, a empujarte hacia la experiencia cero. En la India lo llamamos Samadhi. ******** No estoy aquí para interpretar el rol del sacerdote; no estoy aquí para interpretar el rol del profeta. De hecho el profeta no es más que el político disfrazado. ******** A mi gente le digo: primero sé egoísta, completamente egoísta: florece. Logra el florecimiento y la fragancia y luego espárcelos. Entonces compártelos con esa gente desafortunada, que tiene el mismo potencial que tú, pero a quienes la vida no ha dado la oportunidad de ir hacia dentro, para saborear su propia divinidad ******** Te enseño a ser natural. Y te enseño a aceptar tu naturalidad. Hay algo que sé con seguridad : cuando hayas florecido, compartirás. No hay forma de evitarlo. Cuando la flor se abre no hay modo para ella de retener su fragancia y mantenerla aprisionada. La fragancia escapa. Se extiende en todas las direcciones. Así que, primero tienes que estar satisfecho, contento. Primero, sé. Después, desde tu ser surgirá una fragancia que se extenderá a muchos. Y no será un servicio, será pura alegría de compartir. Y no hay mayor felicidad que la de compartir tu felicidad. ******** El hombre madura en el momento en que empieza a amar en vez de necesitar, en que empieza a desbordarse, a compartir, en que empieza a dar. El énfasis es totalmente diferente. Con el amor, el énfasis está en cómo dar, cómo dar más y cómo dar incondicionalmente. Esto es crecimiento, la madurez llegando a ti. ******** Yo soy, yo soy. Haya discípulos o no, eso carece de importancia. No dependo de ti. Y todo mi esfuerzo aquí es conseguir que también tú no seas dependiente de mí. Estoy aquí para darte libertad. No quiero, de ninguna forma, anularte. Sólo quiero que seas tú mismo. Y el día en que esto suceda, cuando seas independiente de mí, serás capaz de amarme realmente. No antes. ******** Yo te puedo enseñar meditación y desde ella surgirá una cualidad diferente de amor . Entonces no será tontear. Entonces será sabiduría, no tontería. Entonces no "caes enamorado" (*); te elevas en el amor. Entonces el amor es una cualidad tuya. ******** Tengo que contar chistes porque estoy asustado; todos sois personas religiosas. Tenéis tendencia a ser serios. Tengo que haceros cosquillas para que algunas veces olvidéis vuestra "religiosidad", olvidéis todas vuestras filosofías, vuestras teorías y sistemas y pongáis los pies en la tierra. Tengo que devolveros a la tierra una y otra vez; de otro modo tenderéis a ser serios, más y más serios. Y la seriedad es un tumor canceroso. ******** No es por casualidad que los sacerdotes estén contra mí, que los políticos estén contra mí, que todo lo establecido esté en mi contra. No es por casualidad. Puedo entender su lógica. Estoy tratando de deshacer lo que ellos han ello. Estoy saboteando todo el modelo de esta sociedad de esclavos. OSHO

domingo, 16 de marzo de 2008

La mente, ¿amigo o enemigo?

Si deseas vivir en paz, es tiempo que conozcas, y practiques la no-mente. Todos pueden, pocos lo intentan, (Abel Desestress) Osho: … Y no estoy diciendo que cuando tú naces de nuevo en la no-mente, no puedes usar tu mente. La mente tiene usos limitados. Úsala. Cuando trabajas en una tienda o en una fábrica, no estoy diciendo que no uses la mente. Digo que seas perfectamente una mente. Usa tu mente, pero no la lleves constantemente contigo, veinticuatro horas al día, todos los días. No sigas hurgando en ella. Úsala como usas una silla. Uno no anda acarreando con una silla para todas partes, dondequiera que vaya por si la pudieras usar. La mente es un bello instrumento si sabes además ser no-mente también. La acción en el ser testigo (observar como testigo)”. Al ser testigo, la mente queda solo como un biocomputador, un mecanismo, pero separado de tí cuando quieres usar alguna memoria , haz como se pone la cinta en una grabadora. La mente es una cinta de grabadora. Pero no está encendida continuamente, no 24 horas al día. Cuando es necesario , el testigo, el hombre que medita, el hombre que esta alerta(despierto), es capaz de poner la mente en encendido. Se enciende al necesitarlo… Cuando observas como testigo, la mente permanece, pero no trabajando constantemente. se rompe tu identidad. Eres el observador; la mente es observada. Es un hermoso mecanismo, uno de los más hermosos dones de la Naturaleza.. así la puedes usar cuando necesites memoria basada en hechos –para los números telefónicos, para las direcciones, nombres, caras… es una buena herramienta, pero eso es todo. No necesita sentarse sobre ti continuamente todo el día. Aún cuando duermes, se sienta en tu pecho a torturarte, dándote pesadillas. Toda clase de pensamientos. Relevantes o irrelevantes, sigue y sigue. Una persona puede usar su mente al trabajar en una materia; entonces la lógica es un gran instrumento. Y la misma persona puede mantener la mente a un lado cuando está meditando en una sala y se va a la no-mente. Porque la mente no eres tú –es sólo un instrumento como mi mano, sólo como mis piernas. Si quiero caminar, uso mis piernas; si no quiero caminar, no las uso. De la misma forma, se puede usar lógicamente la mente si se está averiguando sobre algo. Es perfectamente correcto. Le queda bien. Y cuando vas al interior, poner la mente afuera. Ahora no necesitas las piernas; no necesitas pensar. Ahora necesitas un estado de no-pensamiento. Y esto pasa en una persona. Y cuando lo digo, lo hago desde mi propia experiencia. He estado haciendo ambas cosas. Cuando se necesita, puedo ser tan lógico como un Griego. Cuando no es así, puedo llegar a ser absurdo, ilógico como cualquier hindú. Así es que cuando lo digo, lo digo de verdad y no como una hipótesis. Lo he experimentado de esa forma. La mente puede ser usada y puede ser puesta a un lado. Es un instrumento, un hermoso instrumento; no hay que obsesionarse con ella. No hay que fijarla tanto, no pegarse a ella. Entonces viene una enfermedad. Sólo piensa en un hombre que quiere sentarse, pero no puede hacerlo porque dice “Tengo piernas--¿cómo me puedo sentar?” o piensa en una persona que quiere quedarse quieta y en silencio, pero no puede quedarse quieta y en silencio porque dice “tengo una mente”. Es lo mismo Uno debería ser tan capaz que aún el más cerrado instrumento de la mente puede ser puesto a un lado y ser apagado. Se puede hacer, pero no se ha hecho a gran escala. Pero más y mas, cada vez se hará más. No pienses en nada que concierna a otros. Y por eso sigues pensando. El noventa y nueve por ciento de lo que piensas concierne a otros. Tíralos lejos --- ¡lánzalos inmediatamente! Tu vida es corta, y tu vida se desliza fuera de tus dedos. ¡Cada momento eres menos y cada día estás menos vivo y más muerto! Cada cumpleaños es un día de muerte; otro año se fue de tus manos. Se más inteligente. No pienses en nada que concierna a otros. Entrénate contra la contaminación que es grande. Gurdjieff acostumbraba a decir a sus discípulos ...la primera cosa, la primerísima cosa, “Encuentra tu mejor característica, lo que mejor “no haces”, tu mejor característica de inconsciencia”. Cada una es diferente. Alguien está obsesionado con el sexo. En un lugar como la India, donde el sexo ha sido reprimido por siglos, esto ha sido una característica universal. Todos están obsesionado con el sexo. Alguien está obsesionado con la ira, otro obsesionado con la avaricia. Tienes que observar cual es tu obsesión básica. Así que encuentra tu característica más importante sobre la cual todo tu ego edifica el resto. Y está constantemente alerta respecto a eso, porque sólo puede existir si tú no estás alerta. Se quema inmediatamente en el fuego del despertar. Y recuerda, recuerda siempre, que no estás para cultivar lo opuesto. De otra forma, lo que sucede es que una persona llega a ser alerta en “ Mi obsesión es la ira, entonces ¡que puedo hacer? Debería cultivar la compasión”. “ Mi obsesión es el sexo,¿qué puedo hacer? Debería practicar brahmacharya, el celibato”. La gente se mueve desde un extremo al otro. Esa no es la manera de transformarse. Es el mismo péndulo, moviéndose de izquierda a derecha, de derecha a izquierda. Y así tu vida ha sido por siglos; es el mismo péndulo. El péndulo tiene que parar en la mitad. Y ese es el milagro del estar alerta. Sólo está alerta, “ese es mi trampa favorita, este es el lugar donde caigo y vuelvo a caer, es la raíz de mi inconsciencia.” No trates de cultivar lo opuesto a eso, pero revuelve todo tu despertar en él. Crea una gran pira del estar alerta, y se quemará. Y allí el péndulo se queda en la mitad. Y al parar el péndulo, el tiempo para. Pronto tú entras en el mundo de lo sin tiempo, sin muerte, eternidad.

viernes, 14 de marzo de 2008

A LOS JOVENES ESTUDIANTES DE BELIZE. Con Amor al CCC de Corozal

Estudia, no te rindas ante nadie, ni pospongas tus sueños por nada. No importan los obstaculos, se fuerte, manten la cabeza en alto, y tus propositos firmes. (Abel Desestress) Existe toda posibilidad de que, en lo que concierne a la vida, no haya ningún futuro. Estamos llegando a un callejón sin salida. Es triste reconocer el hecho, pero es bueno hacerlo, porque entonces existe la posibilidad de dar un giro diferente. De la manera en que las cosas se desenvuelven hoy, la conclusión lógica es un suicidio global. Y el factor más alarmante es que la intelectualidad del mundo, los científicos del mundo, los filósofos del mundo, están ignorando todos estos hechos. Todo ser inteligente debería tener la determinación de no permitir que ningún interés creado destruyera este planeta. Salvar al hombre es salvar la mayor creación del universo. A esta Tierra le ha costado cuatro millones de años crear al hombre. ¡Todo es tan valioso! Y el futuro es mucho más valioso aún. Si algo tiene que hacerse por el futuro, éste es el momento; de otra manera la mayor evolución de la consciencia en el universo desaparecerá. Esto no representará sólo una pérdida para la Tierra, sino para el universo entero. En estos millones de años hemos sido capaces de crear la posibilidad de cierta consciencia, pero no tenemos tiempo para esperar que la naturaleza vaya evolucionando a su lento ritmo. La naturaleza dispone de la eternidad; nosotros no. Tenemos tan sólo doce años en nuestras manos, hasta el final del siglo XX. Por ejemplo, el reciente informe de las Naciones Unidas en su Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo, “Nuestro Futuro Común”, han hecho una recomendación con el objetivo de lograr un “desarrollo auto-sostenible” para salvar al planeta y ha definido esto como “La satisfacción de las necesidades básicas del presente sin agotar los recursos del futuro”. El informe reconoce también que, si algo debe hacerse al respecto, ha de hacerse ahora; de otra manera no habrá futuro. La conclusión es verdadera, pero el informe ha sido manipulado. Está manipulado en el sentido de que no habla de quién ha creado los problemas actuales. Si vamos a resolver los problemas del futuro y a disolverlos, tenemos que buscar sus raíces en el pasado. Es todo nuestro pasado, en todas sus dimensiones, lo que ha dado origen a esta peligrosa situación. Pero nadie habla acerca de ello, porque ninguna generación anterior se ha preocupado por el futuro. Durante miles de años el hombre ha vivido del modo que quería, y simplemente ha forzado a la generación siguiente a vivir a su manera. Esto ya no es posible. Tenemos que dar un salto cuántico a la nueva generación a no vivir de la manera que nosotros hemos vivido. Sólo entonces puede cambiar el futuro. Osho

jueves, 13 de marzo de 2008

Hay mucha prisa, si quieres llegar a ser, el SER que crearon. (Abel Desestress)

Las prisas Has sido atrapado por las palabras; de otra manera es muy simple. Y debería ser simple para ti, porque lo estoy diciendo de muchas, muchas formas. Primero...la situación es cada vez más urgente por la simple razón de que no puedes confiar en el siguiente momento, esté o no en tus manos; así, cada minuto lo vivimos en urgencia. Si quieres hacer algo, hazlo aquí y ahora, ¿por qué posponerlo? En seguida tú dices que de algún libro recuerdas esta frase “para que el peregrino alcance su destino, es esencial que se mueva en seguida” ciertamente si quieres llegar a ti mismo, no debes perder un minuto, pues siempre está la posibilidad de que la muerte interfiera. Pero te has metido en un problema, pues la frase, en verdad, viene de algún místico... “pero sin apuro” Muévete inmediatamente porque es urgente, pero sin apuro, porque cuando te apuras, no estás completo, apurado estás siempre atrasado, olvidas lo esencial, apurado es cuando necesitas tiempo. Sólo por ir apurado requieres de tiempo- - y no hay tiempo. Este momento es todo y ya y la situación es urgente Has nacido sin acuerdos, sin contratos, aún sin permisos, no está en tus manos. Morirás sin ninguna información ventajosa, sin fijar fecha ni hora. Una vez muerto no puedes quejarte, y antes de nacer no vas a ningu8na parte ¿A quién debería preguntarle la vida “quieres nacer o no”? Así que lo que uno tiene en sus manos sólido y real es sólo este instante, sólo este momento en que se puede actuar inteligente o torpemente, en otras palabras, en el cual puedes ser una persona de meditación o un mediocre... Pero lo establecido es realmente bonito. Ud. entra en un puzzle pensando que clase de locura es esta. Primero dice que es urgente y la urgencia crea el apuro, luego reniega del apuro, pero la cuestión es tan urgente que Ud. debe comenzar en seguida. Esto es un puzzle dentro de las palabras. Les contaré como uno puede entrar en un puzzle de bonitas palabras. Dos hombres se encuentran en un bar y comienzan una conversación. Después de un rato, uno dice “¿Tú crees que tienes problema familiares? Escucha mi situación. Hace unos años conocí a una viuda joven con una hija grande y nos casamos. Poco después mi padre se casó con mi hijastra. Eso hizo que mi hijastra se convirtiera en mi madrastra y mi padre en mi hijastro, también mi esposa se convirtió en suegra de su suegro. “Entonces la hija de mi esposa, mi madrastra, tuvo un hijo. Este chico es mi medio hermano, porque es el hijo de mi padre, pero al ser el hijo de la hija de mi esposa, es el nieto de mi esposa. Esto me hace el abuelo de mi medio hermano. “Esto no fue nada hasta que mi esposa tuvo un hijo. Ahora la hermana de mi hijo, mi madrastra, es también su abuela. Así, mi padre es cuñado de mi hijo, cuya cuñada es la esposa de mi padre. “Soy el hermano político de mi madrastra, mi esposa es la propia hija de la tía, mi hijo es el sobrino de mi padre y yo soy mi propio abuelo. “¿Y tú piensas que tienes problemas familiares?”. ¡No te enredes con estas palabras! El asunto es claro; la situación es urgente porque no tienes garantía para el instante siguiente. Tienes que empezar ahora mismo pues no puedes posponerlo más - -el futuro no es seguro- -y no puedes vivir apurado porque el apuro toma tiempo. Silencioso, pacíficamente, sin premura, sin tensión, sin angustia, corre hacia ti mismo al instante. Es urgente. A menos que la meditación la tomes tomo algo de urgencia para ti, nunca lo harás; podrás morir antes . pon la meditación en el primer lugar de tu lista, como lo más importante, urgente, número uno. Pero la meditación en tu vida ocupa sólo uno de los últimos lugares en tu lista de prioridades --y tu lista de prioridades se va haciendo cada vez más larga. Antes de terminar la lista, tu estarás terminado, así que el tiempo para la meditación nunca llega. Así que digo, quien lo haya hecho, resulta tremendamente significante. No traten de entender la frase; la he cortado en trocitos para Uds., así que no se confundan. No hay tiempo para estar apurado, no lo hay para la preocupación; en un solo instante ¿qué se puede hacer? Sólo una cosa: establecer contacto contigo mismo. Esta será la gran transformación de tu ser. Y ciertamente es lo más urgente --lo que tratamos de posponer lo más posible. OSHO

martes, 11 de marzo de 2008

CELEBRAR LA TRISTEZA

Si puedes festejar tus emociones, que mas da que sean alegrias o tristezas. (Abel Desestress) La felicidad es un polo, la tristeza es el otro. La dicha suprema es un polo, la infelicidad es el otro. La vida es ambos. Una vida de pura dicha tendrá extensión, pero no tendrá profundidad. Una vida de pura tristeza tendrá profundidad, pero no tendrá extensión. Una vida de ambas, tristeza y felicidad, es multidimensional; se mueve en todas las direcciones conjuntamente. La propia palabra "triste" te da connotaciones equivocadas de que algo está mal. Esa es tú interpretación. Para mí, la vida es buena en su totalidad. Y cuando entiendes la vida en su totalidad, sólo entonces puedes celebrarla; de otro modo no. Celebración significa: cualquier cosa que suceda no importa, la celebraré. La celebración no está condicionada a ciertas cosas: "Cuando sea feliz lo celebraré" o "Cuando esté triste no lo celebraré". La celebración es incondicional; celebro la vida. Si trae infelicidad, bien, lo celebro. Si trae felicidad, bien, lo celebro. La celebración es mi actitud, independientemente de lo que la vida traiga. Pero cada vez que utilizo las palabras, surge un problema. Esas palabras tienen una interpretacion en tu mente. Cuando digo "celebra", tú piensas que uno tiene que estar feliz. ¿Cómo puede uno celebrar cuando está triste? No estoy diciendo que uno tenga que estar feliz para celebrar. La celebración es gratitud por cualquier cosa que la vida te dé, cualquier cosa que Dios te dé. Celebración es una gratitud, es estar lleno de agradecimiento. No te identifiques con la tristeza. Transfórmate en su testigo y disfruta del momento de tristeza, porque la tristeza tiene su propia belleza. Nunca te has fijado en ello. Te identificas tanto, que nunca penetras en la belleza de un momento triste. Si te fijas, te sorprenderás de los tesoros que te has estado perdiendo. Fíjate: cuando eres feliz nunca eres tan profundo como cuando estás triste. La tristeza tiene profundidad; la felicidad tiene algo de superficial. Observa a la gente feliz. La felicidad es como las olas, solamente superficial; vives una vida trivial. Pero la tristeza tiene algo de profundo. Cuando estás triste no es como las olas en la superficie, es como la profundidad misma del Océano Pacífico; millas y millas. Sumérgete en su profundidad, obsérvala. La felicidad es ruidosa; la tristeza tiene un cierto silencio. La felicidad puede ser como el día, la tristeza es como la noche. La felicidad puede ser como la luz, la tristeza es como la oscuridad. La luz va y viene; la oscuridad permanece, es eterna. La luz se presenta a veces; la oscuridad está siempre ahí. Si penetras en la tristeza sentirás todas estas cosas. De pronto te darás cuenta que la tristeza está ahí como un objeto, tú la estás observando, eres testigo de ella, y repentinamente empiezas a sentirte feliz. ¡Qué bella es la tristeza! Depende de la actitud. Cuando te entristeces piensas que te ha sucedido algo malo. El que algo malo te ha ocurrido es sólo una interpretación y entonces tratas de escapar. Nunca meditas sobre ello. Luego quieres ir a ver a alguien; a una fiesta, al club, o enciendes la televisión o la radio, o empiezas a leer el periódico; haces algo para poder olvidar. Pensar que la tristeza es algo malo es una actitud errónea que te ha sido transmitida: No hay nada malo en ella. Es otro polo de la vida. Celebra tu Tristeza!! OSHO

lunes, 10 de marzo de 2008

Deseo y ausencia de deseo

El deseo está relacionado con la vida, pero la vida puede también carecer de deseos. Pero entonces la vida misma se vuelve imposible. Si todos los deseos desaparecen, entonces el cuerpo no puede continuar ya más porque el cuerpo es tan sólo un instrumento para que los deseos se vean colmados.. Los biólogos dicen ahora que hemos desarrollado los sentidos debido a los deseos, y que si pudieras desear persistentemente, el cuerpo desarrollaría nuevos sentidos. El que tengamos ojos es debido únicamente a los deseos . Por lo común creemos que es porque tenemos ojos por lo que vemos. ¡No! Los biólogos dicen que debido a que existe un deseo de ver, se desarrollan los ojos. Si el deseo para ver no está ahí, los ojos desaparecen. Todo el cuerpo existe debido a los deseos. Buda vivió durante cuarenta años después de Iluminarse, por lo que surge una pregunta: si los deseos se han detenido por completo, entonces Buda debe morir ¿Por qué es pues que está vivo? El cuerpo tiene una inercia. Si estás corriendo y quieres detenerte de repente, no puedes. Tu mente se ha parado, tú has decidido parar, pero tienes que seguir corriendo un poco más debido a la inercia. Vas pedaleando en una bicicleta y ahora dejas de pedalear, pero las ruedas han acumulado una inercia. Seguirán girando y tomará algún tiempo el que la bicicleta se detenga completamente. Por eso es por lo que siempre digo que si la bicicleta va cuesta arriba, se detendrá pronto. Si has dejado de pedalear y la bicicleta va cuesta arriba, se parará pronto. Puede que incluso se pare en el momento en que dejes de pedalear. Pero si va cuesta abajo, puede seguir rodando mucho más tiempo. Si la Iluminación sucede antes de los treinta y cinco años, el cuerpo puede morir en breve. Si sucede después de los treinta y cinco, es cuesta abajo y puede continuar por más tiempo. Por eso Shankara muere pronto. Tenía sólo treinta y tres y se Iluminó a la edad de veinte años ¿caso extraño! Y tenía que morir. No pudo completar el año trigésimo quinto, no pudo llegar ni a la mitad. Si la Iluminación sucede después de los treinta y cinco, vas cuesta abajo, y entonces el cuerpo puede continuar. Con los deseos detenidos por completo, en realidad has dejado de ser un cuerpo. En este momento la antigua inercia operará y dependerá de muchas cosas. Buda murió debido a que ingirió comida envenenada y no pudo ser curado. No murió porque el envenenamiento fuera peligroso -era muy común- sino debido a que carecía de vínculos corporales, de modo que no podía ser ayudado. Ahora la medicina acepta esto: si tienes apego a la vida, las medicinas te serán de mucha más ayuda. Si no tienes apego por la vida, las medicinas puede que resulten inútiles. Ahora se hacen muchos experimentos. Dos personas están enfermas en su lecho de muerte. Una está más delicada y carece de esperanzas de salvación, pero se muestra esperanzada y desea vivir más. La ciencia médica no tiene esperanzas, los médicos no albergan esperanzas, pero él si las tiene. El otro no está en un estado tan delicado. Todo el mundo se muestra esperanzado: «Sobrevivirá, no hay problema». Pero él carece de esperanza, no desea vivir. En su interior, de repente, algo se ha desprendido de su cuerpo. Ahora la medicina no puede ayudar. El morirá y el hombre más seriamente enfermo sobrevivirá. La medicina sí puede ayudarle. El cuerpo y la consciencia se relacionan por los deseos. Por eso es por lo que, si una persona muere sin deseos, no reencarnará otra vez, porque ahora no hay necesidad, no hay una causa para crear de nuevo otro cuerpo. He conocido a una persona que no podía dormirse debido a su temor a la muerte. La muerte puede sobrevenir durmiendo, y entonces ¿que podría hacer? Por eso se siente asustado; no puede dormir. Y creo que su miedo es válido, que su miedo tiene un significado, porque no tiene el deseo de vivir. ¡No carece de deseos! Sólo que no tiene el deseo de vivir. Más bien tiene el deseo de morir. Y si una persona tiene el deseo de morir, puede morirse durmiendo con mucha facilidad. Puede que tú te levantes por la mañana otra vez, no sólo porque la mañana ha llegado, sino porque tienes algo que te fuerza a levantarte. Esta persona no tiene nada; nada le fuerza a levantarse. Por eso no puede dormir debido al miedo y por la mañana no tiene deseo alguno de levantarse. ¡No hay nada que le fuerce a hacerlo! Y aún así digo que no carece de deseos. Está tan sólo frustrado; todos sus deseos se han frustrado. Cuando todos los deseos se frustran, creas un nuevo deseo: el deseo de morir. Freud, en su vejez, se topó con algo nuevo con lo que nunca había soñado. Durante toda su vida trabajó sobre la «líbido», sobre el deseo de vivir. Basó toda su estructura en la creencia de la fuerza de esa líbido, de este sexo, de este deseo por la vida, y al final se encontró con un segundo deseo. Al primer deseo le llamó «Eros» y al segundo «Tanatos». Tanatos significa deseo de muerte, deseo de morir. Freud empezó a percibir qué si no había un deseo por morir, ¿cómo podía morir un hombre? Debía de existir escondido en alguna parte un deseo de morir, pues en caso contrario, los biólogos afirman que el cuerpo puede continuar incluso hasta la eternidad. No hay ninguna razón necesaria por la que un hombre deba de morir tan pronto, porque el cuerpo contiene en sí mismo un proceso de auto-renovación. Puede continuar renovándose, pero hay tantas otras cosas... El cuerpo nace, como siempre hemos dicho, debido a la existencia de algún deseo de vivir. ¿Mmm? En realidad, Freud está en lo cierto. Se necesita un segundo deseo para completar el círculo. Debe de haber escondido un deseo de morir. Ese deseo de muerte te ayuda a morir y el deseo de vida te ayuda a renacer. Ese deseo de muerte le viene a uno muchas veces. Muchas veces te das cuenta repentinamente de él. Siempre que algo se frustra, como es el caso de la muerte de un amante o de un ser querido, de improviso el deseo de muerte se presenta y uno desea morir, no porque te hayas vuelto en alguien que no tiene deseos, sino porque tu deseo más anhelado es ahora imposible. Por eso empiezas a desear la muerte. Esta diferencia se ha de percibir, porque muchas personas religiosas no son en verdad religiosas, tan sólo desean la muerte; son suicidas. Es muy fácil el intercambiar el deseo por la vida por el de la muerte. Es muy fácil porque la vida y la muerte no son sólo dos cosas, son dos aspectos del mismo fenómeno. Por eso puedes intercambiarlos. Así sucede que aquellos que se suicidan son aquellos que están muy, muy profundamente atados a la vida. Debido a estar tan atados a la vida, siempre que se sienten frustrados no pueden hacer nada más que suicidarse. Una persona que no está muy atada a la vida no puede suicidarse. Y los suicidios pueden cometerse de dos formas: pueden ser a largo término y pueden ser a corto término. Puedes tomar el veneno ahora o puedes ir muriéndote lentamente durante muchos años. Depende del coraje que tengas. A veces sucede que no tienes coraje para vivir y tampoco para morir, y entonces has de morir lentamente. Se escoge entonces un suicidio a largo plazo. Uno se va abandonando poco a poco, muriendo, muriendo, muriendo. La muerte es un largo proceso, por grados. Este deseo por la muerte está ahí también y conlleva muchas, muchas implicaciones. Bernard Shaw, en los últimos años de su vida, abandonó la vida urbana y se fue a vivir a un pequeño pueblo. Alguien le preguntó, «¿Por qué has escogido este pueblo?» El contestó, «Pasaba por el cementerio cuando me encontré con una lápida en la que estaba escrito: «Este hombre murió a la edad de ciento diez años. Su muerte fue intempestiva». Así que pensé que en este pueblo merecía la pena vivir. Si la gente aquí piensa que ciento diez años es una edad intempestiva, es bueno vivir aquí». Y verdaderamente vivió durante largo tiempo. Los psicólogos dicen que esto es una fijación. Si todo el país cree que setenta es el máximo, esto se convierte en una actitud mental fija. Si todo el país cree que cien es el máximo, cien se convertirá en el máximo. Si el país comienza a pensar como un todo, colectivamente, no hay necesidad de morir tan pronto y ese hombre puede vivir trescientos años. Si todo el país fija los trescientos años como máximo, entonces el cuerpo puede vivir durante trescientos años. Es una hipnosis colectiva. Sabemos que una persona se volverá vieja a una determinada edad, todo el mundo lo sabe. El niño se da cuenta de cuando uno se vuelve viejo. El joven sabe cuando se acabará su juventud. ¡Todo el mundo lo sabe! Y es tan sobradamente conocido, es tan sugestivo, que todos saben que los setenta o los ochenta como máximo, serán el límite. Morimos a los ochenta porque creemos que los ochenta son el límite. Si puedes alterar el límite, no hay porque morir tan pronto. Básicamente no hay necesidad de que el cuerpo muera tan pronto. Es un proceso auto-regenerador. Se va regenerando, puede continuar. Esta hipnosis y el deseo de morir van unidos, se unifican. Porque si la vida requiere deseo, la muerte también necesita del deseo. ¡Por eso nunca decimos que Krishna murió. Nunca! Decimos que entró en samadhi. Nunca decimos que Buda murió. ¿Mmm? Fue el Nirvana, la Liberación. Nunca decimos que murieron porque, en realidad, para ellos, ¿cómo puede ser posible la muerte cuando la vida se ha vuelto un imposible? Entiende la implicación: si para Buda el vivir se ha vuelto una imposibilidad, ¿cómo puede darse la muerte? Una persona que no desea vivir, ¿cómo puede desear la muerte? Si carece de deseos en tal medida que la vida es un imposible, la muerte también será un imposible. Por eso nunca decimos que un Buda muere. Sólo decimos que pasó a una vida diferente. Nunca decimos que muere. ¿Por qué morimos? Morimos porque vivimos, porque estamos atados a la vida. Tenemos que separarnos de la vida, liberarnos. Cuando un Buda vive, vive por la inercia. El va en el coche y el coche va cuesta abajo. Se pare donde se pare, no formulará ninguna queja. En dónde sea. En el instante en que el coche se detenga, él se bajará. Ni por un instante percibirá que algo es incorrecto. No sentirá que nada esté mal; todo es como debería ser. Es capaz de vivir como si no viviera; puede morir como si no muriera. Pero si tú quieres seguir, significa que algún deseo está ahí. Osho

domingo, 9 de marzo de 2008

No hay mayor mentira que

LA MUERTE. Al nacer, contigo nacio la muerte, esta aqui, ahora, junto a ti, temerle es temer de ti mismo. (Abel Desestress) Cuando el hombre ha conocido algo, se libera de ello. Y cuando el hombre ha llegado a conocer algo, es capaz de triunfar sobre ello. Nuestro fracaso y nuestra derrota sólo se deben a nuestra ignorancia. La derrota se debe a la oscuridad: cuando hay luz, la derrota es imposible: la luz se convierte en victoria. Lo primero que quisiera deciros de la muerte es que no hay mayor mentira que la muerte. Pero, con todo, la muerte parece verdadera. No sólo parece verdadera, sino que parece, incluso, que es la verdad cardinal de la vida: parece que toda la vida está ordenada por la muerte. Aunque la olvidemos, o aunque no la tengamos en cuenta, la muerte sigue estando cerca de nosotros por todas partes. La muerte está aun más cerca de nosotros que nuestra sombra. Hemos estructurado nuestras mismas vidas a partir de nuestro miedo a la muerte. El miedo a la muerte ha creado la sociedad, la nación, la familia y los amigos. El miedo a la muerte nos ha hecho perseguir el dinero y nos ha hecho ambicionar posiciones sociales más elevadas. Y lo más sorprendente es que nuestros dioses y nuestros templos también han surgido del miedo a la muerte. Por miedo a la muerte, hay personas que rezan de rodillas. Por miedo a la muerte, hay personas que rezan a Dios con las manos unidas y elevadas hacia el cielo. Y nada más falso que la muerte. Por eso, cualquier sistema de vida que hayamos creado creyendo que la muerte es verdadera se ha convertido en falso. ¿Cómo conocemos la falsedad de la muerte? ¿Cómo podemos saber que no hay muerte? Mientras no lo sepamos, no perderemos el miedo a la muerte, nuestras vidas seguirán siendo falsas. Mientras exista el miedo a la muerte, no podrá haber vida auténtica. Mientras temblemos de miedo hacia la muerte, no podremos acopiar la capacidad de vivir nuestras vidas. Sólo pueden vivir aquellos para los que la sombra de la muerte ha desaparecido para siempre. ¿Cómo podrá vivir una mente asustada y temblorosa? Y ¿Cómo es posible vivir cuando parece que la muerte se acerca a cada instante? ¿Cómo podemos vivir? Por mucho que dejemos de tener en cuenta la muerte, nunca la olvidamos del todo. No importa que llevemos el cementerio a las afueras de la ciudad: la muerte sigue mostrándonos su rostro. Todos los días muere alguien; todos los días se presenta en alguna parte la muerte y hace temblar los cimientos mismos de nuestras vidas. Cuando vemos que se produce la muerte, somos conscientes de nuestra propia muerte. Cuando lloramos la muerte de alguien, no sólo nos hace llorar la muerte de esa persona, sino también el recuerdo renovado de la nuestra propia. No sólo sentimos dolor y pena por la muerte de otra persona, sino por la posibilidad aparente de la nuestra propia. Toda muerte que acontece es, al mismo tiempo, nuestra propia muerte. Y ¿Cómo podemos vivir, mientras sigamos rodeados de la muerte? Vivir de esta forma es imposible. Así no podemos conocer lo que es la vida: ni su alegría, ni su belleza, ni su bendición. Así no podemos alcanzar el templo de Dios, la verdad suprema de la vida. Los templos que se han creado por miedo a la muerte no son los templos de Dios. Las oraciones que se han compuesto por miedo a la muerte tampoco son oraciones dirigidas a Dios. Sólo el que está lleno de la alegría de la vida alcanza el templo de Dios. El reino de Dios está lleno de alegría y de belleza, y las campanas del templo de Dios sólo repican para los que están liberados de los temores de todo tipo, para los que se han quitado de encima todos los miedos. Esto hace parecer difícil, dado que nos gusta vivir con miedo. Pero esto no es posible: sólo puede ser verdadera una de las dos cosas. Recordadlo: si la vida es verdadera, entonces la muerte no puede ser verdadera; y si la muerte es verdadera, entonces la vida no será más que un sueño, una mentira: entonces la vida no puede ser verdadera. Las dos cosas no pueden existir simultáneamente. Pero nosotros nos aferramos a las dos cosas a la vez. Tenemos la sensación de que estamos vivos y tenemos además la sensación de que estamos muertos. He oído hablar de un faquir que vivía en un valle lejano. Mucha gente iba a visitarlo para hacerle preguntas. Una vez, un hombre llegó ante él y le pidió que le explicara algo acerca de la vida y de la muerte. El faquir dijo: -Te invito a aprender sobre la vida: mi puerta está abierta. Pero si quieres aprender sobre la muerte debes ir a otra parte, porque yo no he muerto ni moriré nunca. No tengo experiencia con la muerte. Si quieres aprender sobre la muerte, pregunta a los que han muerto, pregunta a los que ya están muertos. El faquir se rió y siguió diciendo: -Pero ¿cómo podrás preguntar a los que ya están muertos? Y si me pides la dirección de un muerto, no puedo dártela. Pues desde que he llegado a saber que no puedo morir, también sé que nadie muere, que nadie ha muerto jamás. Pero ¿cómo podemos creer a este faquir? Todos los días vemos morir a alguien; la muerte se presenta diariamente. La muerte es la verdad suprema; se hace visible penetrando hasta el centro de nuestro ser. Podemos cerrar los ojos, pero, por lejos que estemos de ella, sigue visible. Por mucho que nos apartemos de ella, por mucho que huyamos de ella, sigue rodeándonos. ¿Cómo podemos demostrar la falsedad de esta verdad? Por supuesto, algunas personas intentan demostrar su falsedad. Solo por su miedo a la muerte, la gente cree en la inmortalidad del alma: por puro miedo. No saben: se limitan a creer. Todas las mañanas, algunas personas se sientan en un templo o en una mezquita y repiten: “Nadie muere: el alma es inmortal.” Se equivocan al creer que el alma se hará inmortal por el mero hecho de repetir las palabras “el alma es inmortal”. La muerte nunca se vuelve falsa por estas repeticiones: sólo conociendo la muerte es posible demostrar su falsedad. Recordemos que esto es muy extraño: siempre aceptamos lo opuesto a lo que no dejamos de repetir. Cuando alguien dice que es inmortal, que el alma es inmortal; cuando repite esto, no hace más que indicar que sabe, muy dentro de sí, que morirá, que tendrá que morir. Si supiera que no ha de morir, no tendría que hablar tanto de la inmortalidad; sólo los que tienen miedo siguen repitiéndolo. Y veréis que la gente teme a la muerte en aquellos países, en aquellas sociedades que más hablan de la inmortalidad. En nuestro país se habla incansablemente de la inmortalidad del alma; pero ¿hay alguien en la Tierra que tema a la muerte más que nosotros? ¡Nadie teme a la muerte más que nosotros! ¿Cómo podemos reconciliar estos dos extremos? ¿Es posible que un pueblo que cree en la inmortalidad del alma caiga en la esclavitud? Preferiría la muerte; estaría dispuesto a morir, pues sabría que no hay muerte. ¡Los que saben que la vida es eterna, que el alma es inmortal, serían los primeros que llegarían a la Luna! ¡Serían los primeros que escalarían el Everest! ¡Serían los primeros que explorarían las profundidades del océano Pacífico! Pero no: nosotros no somos de esos. Ni escalamos el Everest, ni llegamos a la Luna ni exploramos las profundidades del océano Índico. ¡Y nosotros somos el pueblo que cree en la inmortalidad del alma! En realidad, nos da tanto miedo la muerte que, por miedo a ella, no dejamos de repetir: “El alma es inmortal”. Y nos hacemos la ilusión de que, a fuerza de repetirlo, quizá se haga realidad. Nada se hace realidad a fuerza de repetirlo. No es posible negar la muerte a base de repetir que la muerte no existe. Tendremos que conocer la muerte, tendremos que encontrarnos con ella, tendremos que vivirla. Tendréis que familiarizaros con ella. Pero, en vez de ello, no dejamos de huir de la muerte. ¿Cómo podemos verla? Cuando vemos la muerte, cerramos los ojos. Cuando pasa un funeral por la calle, la madre encierra en casa a su hijo y le dice: “No salgas: ha muerto alguien”. Incineramos los cadáveres en las afueras de los pueblos para que nadie lo vea, para que no tengamos la muerte allí mismo, ante nuestros ojos. Y si hablamos a alguien de la muerte, la otra persona nos prohíbe que toquemos ese tema. Una vez conviví con un sannyasin. Él hablaba todos los días de a inmortalidad del alma. Yo le pregunté: -¿Te das cuenta de que te estás acercando a la muerte? Él me respondió: -No digas cosas de mal agüero. No es bueno hablar de esas cosas. Yo le dije: -Si una persona dice, por una parte, que el alma es inmortal, pero por otra parte le parece de mal agüero hablar de la muerte, entonces está confundiéndolo todo. No debe encontrar nada temible, ningún mal augurio, nada malo, en hablar de la muerte: pues, para él, no hay muerte. -Aunque el alma es inmortal, yo prefiero no hablar de la muerte para nada –me dijo él-. No debemos hablar de cosas tan carentes de significado y tan amenazadoras. Todos hacemos lo mismo: damos la espalda a la muerte y huimos de ella. OSHO

sábado, 8 de marzo de 2008

Efecto invernadero aumentó nivel oceánico en el Cretácico

Washington, 7 mar (PL) Hace 80 millones de años, el nivel de los mares era 170 metros más elevado que en la actualidad como promedio, debido al calentamiento global existente en esa época, difundió la revista científica Science. Investigadores de la Universidad de Sydney, Australia, llegaron a esa conclusión tras desarrollar un modelo oceánico que combinó datos de estratos rocosos, corteza terrestre y placas tectónicas bajo los mares. De acuerdo con los científicos, con un aumento del nivel de los océanos similar al del período Cretácico, grandes extensiones de tierra de Europa y el norte del continente americano estarían bajo el agua. El autor principal del trabajo, Dietmat Muller, indicó que por la migración de los océanos las cuencas marinas presentan un tonelaje superior. Los cálculos realizados, hasta ahora, acerca de las alturas del nivel oceánico en el período Cretácico variaban entre 40 metros a 250 metros sobre el de la actualidad. Las conclusiones del estudio ayudan a en el debate que contribuiría a precisar los cambios en el nivel de los mares como resultado del efecto invernadero.

viernes, 7 de marzo de 2008

¿Qué es la envidia y por qué duele tanto?

Cuando deseas algo que alguien posee, es porque no has mirado bien, en el interior de tu ser. (Abel Desestress) Envidiar es comparar. Y hemos sido enseñados a comparar, hemos sido condicionados para comparar, siempre comparar. Alguien tiene una mejor casa, alguien tiene un mejor cuerpo, alguien tiene más dinero, alguien tiene una personalidad carismática. Comparar, sigue comparándote a ti mismo con todos los que pasan y la envidia aparecerá; es el acondicionamiento de la comparación por el producto. Por otra parte, si dejas de comparar, la envidia desaparece, entonces tu simplemente, sabes que tú eres tú y nadie más y no existe la necesidad. Es bueno que no te compares con los árboles, si no, vas a sentir mucha envidia— ¿por qué no fuiste verde? ¿Y por qué Dios es duro contigo y no con las flores? Es mejor que tú no te compares con los pájaros, los ríos, las montañas porque sufrirás. Sólo te comparas con seres humanos porque has sido condicionado para compararte con otros seres humanos; no te comparas con pavos reales o loros. Ahí si que estarías celoso cada vez más: estarías tan celoso que simplemente no podrías vivir. La comparación es una actitud muy tonta, pues cada persona es única e incomparable. Una vez que comprendes eso, la envidia desaparece. Cada ser es único, incomparable. Tú eres sólo tú: nadie ha sido jamás como tú, y nadie jamás lo será. Y no necesitas ser como otro. Dios sólo crea originales; no crea copias. Un grupo de pollos y gallinas estaba en el patio cuando una pelota de fútbol voló sobre la cerca y cayó en el centro. Un gallo observó, balanceándose la estudió y luego dijo “ No me estoy quejando chicas, pero miren el resultado del trabajo de los vecinos” En casa de los vecinos, grandes cosas suceden: el pasto es más verde, las rosas son más rosadas. Todos parecen tan felices –excepto tú. Siempre comparándote. Y el caso es el mismo con los otros, se están comparando también. Quizás están pensando que el pasto es más verde en tu césped –siempre parece más verde a la distancia-- que tu esposa es más bonita, ... Tú estás cansado, no puedes entender como te permites a ti mismo estar atrapado con esta mujer, no sabes como deshacerte de ella— ¡y el vecino tiene envidia de ti por tener una esposa tan linda! Y tal vez tú estás celoso de él... Todos sienten envidia de los demás y por eso creamos un infierno y nos convertimos en malas personas Un viejo granjero estaba enojado mirando los daños de la inundación. “Hiram” gritó el vecino” todos tus cerdos se desbarrancaron por el arroyo”. “¿ y los cerdos de Thompson?” preguntó el granjero. “También se fueron”. “¿y los de Larsen?” “Sí”. “¡Mmn! Soltó el granjero, contento “no es tan malo como pensé” Si en todas partes hay miseria, se siente mejor; si todos están perdiendo, se siente bien. Si todos están felices y exitosos, hay un dejo de amargura. Pero ¿por qué la idea de los otros entra en tu cabeza, en primer lugar? Nuevamente déjenme recordarles que es: porque no dejan que sus propios juicios fluyan; no dejan que su propia felicidad crezca, no han permitido a su propio proceder. Por eso se sienten vacíos y miran a todos y cada uno afuera, porque sólo pueden ver lo de afuera Tú conoces tu interior y así conoces a los demás; exteriormente, eso genera envidia. Ellos te conocen exteriormente y saben cuál es su propio interior— eso genera envidia. Nadie más conoce tu interior. Entonces tú sabes que no eres nada, que no vales nada. Y los otros, afuera, se ven sonrientes. Sus miradas pueden ser falsas, pero, ¿cómo sabes que son falsas? Quizá sus corazones están muy sonrientes. Sabes que tu sonrisa es falsa porque tu corazón no sonríe del todo, talvez está llorando y sollozando. Tú conoces tu interior y sólo tú lo conoces, nadie más. Y conoces el exterior de todo el mundo y en el exterior la gente lo hace bonito. El exterior son sólo piezas de un espectáculo y es decepcionante. Osho

jueves, 6 de marzo de 2008

El amor dura máximo cuatro años y se caracteriza por ser un “estado demencial

Afirman investigadores mexicanos que de acuerdo con los análisis de las implicaciones neurológicas del sentimiento el proceso físico químico que se activa en el cerebro concluye en un período determinado. El amor dura máximo cuatro años y se caracteriza por ser un “estado demencial temporal”, dijeron hoy, un día antes de la celebración de San Valentín, especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que analizaron las implicaciones neurológicas de este sentimiento. El amor debe distinguirse del apego y del atractivo sexual, porque el enamoramiento activa sustancias químicas en el cerebro que ocupan todas las neuronas y no se puede sino pensar en el ser amado, afirmó en un comunicado Georgina Montemayor Flores, de la Facultad de Medicina de la UNAM, la mayor universidad de Latinoamérica. Montemayor, que dirige un grupo de investigación sobre el tema, explicó que cuando un individuo se enamora “se accionan las zonas que controlan emociones, como el tálamo, la amígdala, el hipotálamo, el hipocampo, el giro singulado y las partes del sistema límbico”. Este estado físico químico también acaba, aseguró la especialista. “Suele durar un máximo de cuatro años o hasta que aparece otro ser que despierta esa pasión romántica, y solo pervive el apego o la compañía hacia una persona”, afirmó. En la medida en que piensa recurrentemente en la misma persona, la condición sicológica del enamorado puede ser comparable “con un estado obsesivo compulsivo”, sostuvo. Ello lleva a Montemayor a concluir categóricamente que “solo se puede estar enamorado de una persona a la vez”, al contrario del apego o del deseo sexual. En sus inicios, el amor deviene en una obsesión de tales dimensiones “que las personas dejan de ser productivas (…) de hecho las grandes obras de arte nunca se crearon cuando los autores estaban apasionados, sino después, en el proceso del desamor”. La especialista en anatomía precisó que las personas entran y salen de ese estado de enamoramiento porque el cerebro no podría resistir tanto desgaste si se mantuviera así constantemente. “Lo asombroso es que el encéfalo se acostumbra a las sustancias liberadas, por lo que en su caso, está a la espera de que otra persona inicie este proceso“, puntualizó. “Aunque ello no tiene sustento moral, le sucede a todos los humanos”, apuntó. Sin embargo, advirtió que el amor romántico “es tan fuerte como el impulso de ingerir alimentos o tener sed, se puede controlar en las primeras etapas, pero una vez activado es imposible detenerlo inmediatamente, aunque es temporal”. En cambio, desenamorarse de una persona, según la investigadora mexicana, se explica en que el cerebro aumenta los niveles de oxitocina, la llamada hormona del apego, “incompatible con la pasión romántica, que se convierte en el cariño familiar”, dijo. Para la experta “el amor tiene un precio. Por principio, se pierde la libertad y también se vuelve dependiente de otra persona, por ello, se debe recordar que el desamor libera”.

martes, 4 de marzo de 2008

Diferencias entre voluntad y entrega

Cuanto tengo nada puedo darte, porque nada es de mi popiedad, salvo, mis deseos de existir. (Abel Desestress) El fin es el mismo, pero los comienzos son distintos y todas las diferencias pertenecen siempre al comienzo. Cuanto más te acercas a la meta, menor es la diferencia entre los caminos. En el comienzo la voluntad y la entrega son diametralmente opuestos. La entrega significa total ausencia de voluntad propia. No tienes voluntad propia, te sientes indefenso, no eres capaz de hacer nada. Estás tan totalmente desvalido que no eres capaz ni de decir que existe la voluntad; el concepto mismo de voluntad es ilusorio. No tienes voluntad. Más bien al contrario, tienes un destino, no una voluntad, por eso sólo puedes entregarte. No es que te entregues, es que no puedes hacer nada más. Así que el entregarse no es un acto. Es más bien un reconocimiento. ¡No es un acto! ¿Cómo puede ser un acto el en-tregarse? ¿Cómo puedes entregarte? Si «tú» te entregas, ¿cómo lo vas a llamar entrega si sigues siendo tú el amo? Si «tú» te entregas, entonces tú sigues siendo el que «haces», la entrega ha sido un acto de voluntad, y esas dos cosas son diametralmente opuestas. No puedes «querer» entregarte. El entregarte no es un acto, es más bien un reconocimiento, el reconocimiento del fenómeno de la ausencia de voluntad. No existe algo así como la voluntad, así que tú no tienes la capacidad de poder hacer. No puedes hacer nada. Todo es un puro suceder. Tú has sucedido y todo lo demás que ha venido luego ha sido un puro suceder. Sentir esto, saber esto, es un reconocimiento. De repente te das cuenta de que no existe una voluntad en ti. Con este darse cuenta, el ego desaparece, porque el ego sólo puede existir si hay voluntad. Así que el ego significa la totalidad de los actos voluntarios. Si hay voluntad, entonces puedes ser. Si no hay voluntad, entonces desapareces. Entonces eres sólo una ola en un infinito océano, y no puedes desear «hacer». Existes como suceso; dejarás de exisitir como suceso. ¿Qué puede hacer una ola en un océano infinito? Ha sido ola merced al océano. No existe por sí misma, sólo aparenta existir. Si sientes esto y este sentimiento surge como una profunda búsqueda, un indagar en tus profundidades, - ¿hay ahí alguna voluntad? - entonces descubrirás que eres como una hoja seca arrastrada por el viento. A veces irás hacia el norte, a veces hacia el sur, y la hoja seca puede que llegue a pensar que va hacia el sur. Lo que verdaderamente ocurre es que el viento sopla y la hoja seca es arrastrada. Si profundizas en ti mismo te volverás cons-ciente de una ausencia total de voluntad. El reconocer esto es entregarse. No es un acto. Y si te entregas, si la entrega sucede, no hay necesidad de ofrecer. ¡No puedes ofrecerte! De modo que en el camino de la entrega, realmente el ofrecimiento no es posible, porque todo ofrecimiento se basa en la voluntad: tú ofreces, tú estás allí. En el camino de la entrega el ofrecimiento sucede, pero el que se entrega nunca lo sabe. No puede saberlo, no puede decir, «He ofrecido mi mente a lo Divino». En realidad, no puede hablar en términos de acciones, sólo puede hablar en términos de sucesos. A lo más puede decir, «La ofrenda ha sucedido». Sin una voluntad no puedes tener un ego y sin un ego no puedes hablar de nada como de un acto. Por eso el «suceder» es lo que aparece en el camino de la entrega. La entrega en sí misma es un suceder. Pero en el camino de la voluntad se da un proceso distinto. En el momento en que digo, «el camino de la voluntad», la voluntad se presupone. Tú haces algo. Esto es un hecho en el camino de la voluntad, es algo que se da por supuesto. Nunca es cuestionado porque aquellos que siguen el camino de la voluntad dicen que incluso el cuestionar algo es aceptar la voluntad. Incluso el cuestionar una cosa implica que la voluntad está ahí. El preguntar es un acto, contestar es un acto, dudar es un acto, decir no es un acto. Por eso la voluntad no puede ser cuestionada. En el camino de la voluntad, la voluntad no puede ser cuestionada. Esta es la hipótesis fundamental. En el camino de la entrega, la ausencia de voluntad propia es la hipótesis fundamental. No puedes poner en duda esto. Esto debe ser bien entendido: en cada camino algo se constituye en hipótesis. Ha de ser así porque has de empezar por alguna parte y has de empezar desde la ignorancia. Debido a esos dos factores se necesita de una hipótesis. Incluso en la ciencia comienzas con una hipótesis, asumes algo que no puede ser cuestionado, y si lo cuestionas todo el edificio se desploma. Por ejemplo, una de las materias más exactas, más científicas es la geometría, pero comienzas con una hipótesis. Empiezas con algo que asumes y que no puede ni probarse ni negarse, porque sólo puede demostrarse aquello que puede ser negado. De modo que para comenzar, asumes algo desde la ignorancia, con fe. Así que, en realidad, la ciencia no es tan científica como parece. Si retrocedes a sus inicios todas las ciencias comienzan con una hipótesis y si cuestionas esa hipótesis, ninguna respuesta es posible. Y así es como ha de ser porque no se puede comenzar desde la nada. Míralo así: si llego a una ciudad extraña para mí y le pido a alguien donde vive la persona A, el puede que conteste, «A es un vecino de B». Pero si yo digo, «Esto no es una respuesta porque no conozco tampoco a B. ¿Dónde vive B?» Entonces el dirá, «B es el vecino de C». Pero yo afirmaré, «Qué sitio tan extraño. No se nada de C o de D o de E, indícamelo por favor de forma que lo pueda entender. Todo me es desconocido, así que ¿por dónde comenzar?» Si el dice, «D, E, F, G», todos son hipotéticos. ¿Desde dónde empezar? El empezar sólo es posible si asumo una cosa como conocida y que en realidad no es conocida; si no, no hay alter-nativa posible. Y esta es la situación, así es cómo nos encontramos en este mundo: todo es desconocido, ¿por dónde empezamos entonces? Si dices que debemos empezar desde el saber, ¿cómo vas a empezar? Cuando todo se desconoce, ¿cómo vas a empezar con algo tomándolo como un hecho conocido? Así no puedes empezar. Y si empiezas con un hecho desconocido, tampoco entonces puedes empezar. Una hipótesis significa un hecho desconocido asumido desde la fe como conocido. Una hipótesis significa un hecho desconocido tomado como conocido a sabiendas. Entonces sí puedes empezar. Por eso una hipótesis no puede ser cuestionada, en ninguna parte, ni siquiera en matemáticas. De modo que en el camino de la voluntad, la voluntad es la hipótesis, y en el camino de la entrega, la ausencia de voluntad propia es la hipótesis. Si uno de los dos caminos te atrae, serás incapaz de entender el otro, porque ambos parten de hipótesis opuestas. Si la ausencia de voluntad propia te atrae, entonces la voluntad no tendrá atractivo alguno. Entonces será absurdo. Y si la voluntad te atrae, entonces la entrega carecerá de sentido. Con la voluntad, se da por sentado que eres capaz de hacer, y entonces aparece la pregunta, ¿qué hacer? Puedes hacer algo que te aleje de lo Divino y puedes hacer algo que te aproxime a lo Divino. Y tú eres el responsable, ya lo hablamos ayer. ¿Cómo puedes tú, paso a paso, actuar para acercarte y, en último término, establecerte en Eso? Pero recuerda este hecho: que la voluntad se toma como hipótesis. Una vez la tomas como hipótesis, puedes continuar ejerciendo la voluntad y, por último, querer totalmente; o sea, tu mente es direccionada totalmente hacia Eso, y en esa tensión total, en ese clima, en esa culminación, la voluntad se disuelve, porque la perfección es la muerte. En el momento en que algo se vuelve perfecto, muere. Por eso es que Lao Tse dice, «No seas nunca perfecto. Párate a medio camino, nunca lo recorras hasta el final». Si vas hasta el final, el éxito se tornará fracaso y la vida se convertirá en muerte. Si llegas al final mismo, el amor se volverá odio y la amistad se reducirá a enemistad porque la perfección significa muerte. Y cuando algo muere, muere en su extremo opuesto. Cuando la voluntad es perfecta, cuando la mente está total-mente direccionada, la voluntad muere, la voluntad desaparece, porque la perfección es el punto de evaporación, del mismo modo que el agua se evapora a los cien grados. El límite de los cien grados es la perfección. Por lo que concierne al agua, el calor ha llegado a la cima. Si ahora el calor continúa, el agua ya no estará allí. Y si el agua quiere estar allí, el calor no debe alcanzar ese límite. Por eso cuando alcances un cien por cien de voluntad, estarás al límite de la explosión, morirás, tu voluntad morirá. El fenómeno mismo de la voluntad desaparecerá. Y cuando la voluntad desaparece, alcanzas el mismo punto desde dónde uno empieza con la ausencia de voluntad. Ahora hay ausencia de voluntad. Así que o cero o perfección: ambos alcanzan el mismo fin. Dependerá de ti, de tu clase de mente. Si eres capaz de concebir la ausencia de voluntad , no surgirá la cuestión. Pero eso es difícil, no sólo difícil, es cierto modo es casi imposible. Es inconcebible. Sucede, a veces sucede. Pero este suceder contiene un prolon-gado, un continuado esfuerzo de voluntad. Muchas, muchas vidas ejerciendo la voluntad te proporcionan la experiencia con la que has estado soñando. Uno que ha querido durante mucho tiempo y aún así no llega a sitio alguno puede llegar a un punto en el que repentinamente se de cuenta de que está trabajando con algo que no existe. Un Buda por ejemplo. El alcanza lo Supremo mediante la ausencia de voluntad. Pero trabajó hasta la extenuación en el camino de la voluntad durante seis años de su vida. Acudió a todos los Maestros, indagó en todos los caminos, lo hizo lo mejor que supo, probó todo lo que le fue enseñado y dicho. Hizo todo aquello que un ser humano es capaz de hacer y con cada Maestro trabajó duro. No hubo ningún Maestro que le pudiera decir, «No lo estás logrando porque no te estás esforzando», pues trabajaba más que el propio Maestro. Por eso todos los maestros tuvieron que decirle, «No puedo decir que no te estés esforzando, estás haciendo lo imposible, lo estás intentando al máximo, pero eso es todo lo que yo puedo enseñarte. Debes irte a otro sitio». Así que buscó a todo Maestro, trabajó en todos los métodos. Y Bihar era un lugar con un gran potencial en aquellos tiempos. Sólo en dos ocasiones cimas así se han alcanzado. Una fue en Atenas, durante la civilización griega. Atenas era una ciudad con un gran futuro y en Atenas se dio una situación de elevado potencial. La otra vez fue en Bihar; sucedió que Bihar se convirtió en la cumbre de todo lo que la mente puede hacer. Y en Bihar, en los tiempos de Buda, todos los métodos habían sido desarro-llados y cada método tenía su propio profesor, su propio Maestro. Y Buda trabajó con todos ellos. Trabajó tan duro y tan since-ramente que cada Maestro tuvo que pedirle que le dejara, porque se dedicaba con toda entrega y no obtenía nada de provecho. En realidad, él no era un hombre adecuado para el camino de la voluntad. Mahavira, un contemporáneo de Buda, llegó por el camino de la voluntad y lo logró. Pero Buda no pudo alcanzarlo. Después de trabajar duro en todos los caminos, en un repentino instante de impotencia se sintió frustrado. Se sintió incapaz. Lo había intentado todo y no había logrado nada, seguía siendo el mismo sin transformación alguna. Le poseyó una frustración total y un día, lo abandonó todo. Antes, ya había abandonado el mundo: ésta fue la primera renuncia. Pero la segunda, la que no se menciona en la escrituras, fue mayor. Los budistas no hablan de ella. Sucedió una segunda renunciación aún mayor. Después de seis años de esfuerzo, Buda abandonó el camino de la voluntad. El dijo, «Me siento impotente y parece que nada es posible, que nada se puede hacer, por eso abandono todo empeño». Era una noche de luna llena y estaba sentado bajo un árbol. Había abandonado al mundo; esa noche abandonó toda religión, toda filosofía, toda técnica. Se relajó bajo un árbol. Por primera vez después de innumerables vidas se relajó, pues siempre había estado trabajando, esforzándose, tratando de conseguir algo de la forma que fuera. Pero esa noche, en su mente no había esfuerzo alguno por conseguir algo. Se sentía tan totalmente desvalido que el tiempo se le detuvo, el futuro desapareció, los deseos se volvieron algo sin objeto. El esfuerzo era algo imposible; la volun-tad estaba totalmente ausente. Estaba en realidad muerto; psicológicamente muerto. Sólo vivía en el sentido en el que vive un árbol, sin deseos, sin futuro, sin perspectivas. Era como el árbol bajo el que estaba tumbado. Imagínatelo. ¡Trata de imaginártelo! Si no hay deseos ni futuro ni un mañana que perseguir y no hay nada que alcanzar y todo se ha vuelto un absurdo y el pensamiento de que «No puedo hacer nada» penetra hasta lo más hondo, ¿cuál es la diferencia que hay entre tú y el árbol? ¡No hay diferencia! Estaba tan relajado como el árbol. Estaba tan relajado como el río que corría por allí. Se durmió. Su sueño fue algo extraño. No hubo ni tan sólo un sueño, pues los sueños pertenecen al mundo del deseo, del querer hacer, del esfuerzo. Durmió como duermen los árboles. Su sueño fue total. Fue simplemente como la muerte, sin oscilaciones de la mente, sin motivación interior. Todo se detuvo. El tiempo se detuvo. Por la mañana a las cinco abrió sus ojos. Digamos que más bien, sus ojos se abrieron, porque no existía la motivación. Tal y como los ojos se cerraron por la noche, se abrieron por la mañana. Refrescado por la noche, refrescado por la relajación, refrescado por una profunda ausencia de deseos, Buda abrió sus ojos. La última noche estaba desapareciendo del cielo y se dice que contemplando esa estrella desvanecerse, Buda Despertó. ¡Se realizó! ¿Que fue lo que sucedió? Sucedió porque no había esfuerzo, porque el esforzarse había cesado. No había ni deseos. No había ni frustración porque la frustración es parte del deseo y de la expectativa. Si realmente las expectativas cesan, no hay lugar para la frustración. No pedía, ni rezaba, ni estaba meditando, no estaba haciendo absolutamente nada. Simplemente estaba allí, vacío. Cuando la última estrella desapareció, algo desapareció en él también. Se convirtió en puro espacio, en pura nada. Esto es entrega, sin sentimiento de entregarse, porque ¿quién se entrega a quién? Pero esto sucedió como una culminación de largos esfuerzos. Esto es lo que quería decir: uno tiene que empezar con la voluntad. ¡Comienza con la voluntad! Si eres de la clase que es capaz de alcanzar la voluntad perfecta, desaparecerás al llegar a esa cima. Si no eres de esa clase entonces alcanzarás la perfección de la frustración, y desde ese pico de la frustración, desapare-cerás. Si se da el primer caso, la voluntad habrá sido tu camino; si se da el segundo, será el de la entrega. Pero comienza con la voluntad. No eres capaz de empezar con la entrega, porque la entrega no puede tener comienzo. La acción puede tener un comienzo, pero ¿cómo puede algo que sucede tener un comienzo? Puedes empezar con la acción; no puedes empezar con el suceder, esa es la diferencia. Puedes empezar con hacer algo, pero ¿cómo puedes empezar con la entrega? Empieza pues con la voluntad y pon todo tu ser en ella. Sólo así serás capaz de determinar si este camino es o no es adecuado para ti. Si funciona, entonces de acuerdo. Entonces alcanzarás el ego más perfecto. Y cuando el ego es perfecto la burbuja estalla. O, si no eres de esa clase, irás dando vueltas y vueltas y vueltas ...y frustración tras frustración. Entonces alcanzarás otra cima, la cima de la frustración, y sucederá la entrega. Así que, incluso para el entregarse, no pienses que no tienes nada que hacer. ¡Recuérdalo! No lo pienses, porque la mente es muy astuta y puede decir, «La entrega es nuestro camino. Esto significa que no voy a hacer nada en absoluto. La entrega es mi camino». Es una habilidosa treta. Si la entrega es tu camino, entonces el entregarse puede suceder en cualquier instante, porque el entregarse no requiere de tiempo. No hay un mañana necesario para ello. Si dices, «La entrega es mi camino», no esperes a mañana, porque el entregarse sólo puede ser aquí y ahora. No se necesita de esfuerzo alguno ni de un tiempo determinado para entregarse. Si no ocurre en este mismo instante, da por sentado que el de la entrega no es tu camino. La mente es falsa, la mente trata sólo de posponer el esfuerzo. Y la mente lo puede todo. La mente puede racionalizar: «No hay necesidad de voluntad porque no existe la voluntad, por lo tanto estoy dispuesto a andar el camino de la ausencia de voluntad propia». Pero recuerda bien que tu «estar dispuesto» no funcionará. Tu «estar dispuesto» no es un estar dispuesto; tu «estar dispuesto» no es realmente una calificación para la entrega. Tu absoluta impotencia es la condición. ¿Te sientes real y absolutamente impotente? Si te has sentido así, si has sentido que no hay nada que puedas hacer; si te sientes así, entonces la entrega puede suceder en este mismo instante. La entrega no puede posponerse; la voluntad sí puede ser pospuesta. De modo que con la voluntad puedes tomarte tu tiempo, vidas, y puedes ir trabajando lentamente. Pero con la entrega no hay dónde ir y no puedes pensar en el futuro; el futuro no está permitido. Si dices, «El de la entrega es mi camino y algún día sucederá», te estás engañando a ti mismo. Si el de la entrega es tu camino, la entrega habría sucedido ya. Alguien le preguntó a Mozart, «¿Quién es tu Maestro? ¿De quién aprendiste música?» Mozart le contestó, «No hay nadie que sea mi Maestro. La he aprendido solo, por mí mismo». El que le preguntaba le dijo, «Entonces dime, ¿puedo también yo aprender por mí mismo?» Mozart le contestó, «Yo nunca le hice esta pregunta a nadie. Hasta para saber esto has venido a mí a preguntármelo, de modo que te será difícil aprender música por ti mismo. Incluso esto lo has tenido que preguntar a alguien: si eres capaz de aprender música sin Maestro. ¡Necesitas de un Maestro hasta para decidir esto! Así que no podrás». El hombre insistió. Le dijo, «¿Por qué? ¿Si tú fuiste capaz, por qué no yo?» Mozart le dijo, «Si fueras capaz de hacerlo, ya lo habrías hecho». Así que si la entrega pudiera suceder y tú estuvieses en condiciones para ello, ya habría sucedido. No puedes escogerla. Elige la voluntad, porque tiene afinidad con el elegir. Con la entrega, el elegir no tiene afinidad. La elección necesita de la voluntad. Escoge pues la voluntad, y trabaja duro. Y sólo pueden pasar dos cosas. O bien tienes éxito o bien fracasas; pero esfuér-zate al máximo de modo que si tienes éxito, éste sea total, y si fracasas, que el fracaso sea total, y esa condición de totalidad decidirá. Los tibios y mediocres esfuerzos no conducen a ninguna parte, pues nunca puedes determinar cuál es tu tipo esforzándote a medias. Con tímidos y tibios esfuerzos nunca podrás decidir cuál es tu tipo. Nunca podrás saberlo. ¡Trabaja duro! O bien ten éxito totalmente, o bien fracasa totalmente. De ambas maneras llegarás al mismo punto. Si triunfas plenamente, la voluntad desaparecerá. Al ser perfecta, muere. Si fracasas totalmente, entonces la ausencia de voluntad se volverá una señal y luego vendrá la entrega. Todos los esfuerzos pertenecen al camino de la voluntad. Cuando alguien se esfuerza con todo su corazón y falla, se abre el otro camino. ¡Es un camino sin preparación! Es como una puerta de emergencia. En un accidente de aviación utilizas las puertas de emergencia. Puede que no te hayas ni dado cuenta de que existen. No tienes porqué. Por lo general, abres, entras y sales por la puerta corriente, la usual. La puerta de emergencia sólo se abre cuando hay una emergencia y un colapso total. En ese instante las puertas corrientes no valen. El entregarse es la puerta de emergencia. Empieza con lo usual, la voluntad. Cuando la voluntad falla totalmente, se abre la puerta de emergencia y sales fuera. Y si triunfas, no hay necesidad de que la puerta de emergencia se abra. Puede que ni te enteres de que existe. Puedes llegar a tu destino sin saber que había una puerta, una puerta de emergencia que podía haber sido abierta en cualquier instante. Por eso no puedes empezar con la entrega, nadie puede. Todo el mundo ha de empezar con la voluntad. Sólo tienes que recordar una cosa: sé siempre total en lo que hagas para que así puedas decidir el camino adecuado.