lunes, 10 de marzo de 2008

Deseo y ausencia de deseo

El deseo está relacionado con la vida, pero la vida puede también carecer de deseos. Pero entonces la vida misma se vuelve imposible. Si todos los deseos desaparecen, entonces el cuerpo no puede continuar ya más porque el cuerpo es tan sólo un instrumento para que los deseos se vean colmados.. Los biólogos dicen ahora que hemos desarrollado los sentidos debido a los deseos, y que si pudieras desear persistentemente, el cuerpo desarrollaría nuevos sentidos. El que tengamos ojos es debido únicamente a los deseos . Por lo común creemos que es porque tenemos ojos por lo que vemos. ¡No! Los biólogos dicen que debido a que existe un deseo de ver, se desarrollan los ojos. Si el deseo para ver no está ahí, los ojos desaparecen. Todo el cuerpo existe debido a los deseos. Buda vivió durante cuarenta años después de Iluminarse, por lo que surge una pregunta: si los deseos se han detenido por completo, entonces Buda debe morir ¿Por qué es pues que está vivo? El cuerpo tiene una inercia. Si estás corriendo y quieres detenerte de repente, no puedes. Tu mente se ha parado, tú has decidido parar, pero tienes que seguir corriendo un poco más debido a la inercia. Vas pedaleando en una bicicleta y ahora dejas de pedalear, pero las ruedas han acumulado una inercia. Seguirán girando y tomará algún tiempo el que la bicicleta se detenga completamente. Por eso es por lo que siempre digo que si la bicicleta va cuesta arriba, se detendrá pronto. Si has dejado de pedalear y la bicicleta va cuesta arriba, se parará pronto. Puede que incluso se pare en el momento en que dejes de pedalear. Pero si va cuesta abajo, puede seguir rodando mucho más tiempo. Si la Iluminación sucede antes de los treinta y cinco años, el cuerpo puede morir en breve. Si sucede después de los treinta y cinco, es cuesta abajo y puede continuar por más tiempo. Por eso Shankara muere pronto. Tenía sólo treinta y tres y se Iluminó a la edad de veinte años ¿caso extraño! Y tenía que morir. No pudo completar el año trigésimo quinto, no pudo llegar ni a la mitad. Si la Iluminación sucede después de los treinta y cinco, vas cuesta abajo, y entonces el cuerpo puede continuar. Con los deseos detenidos por completo, en realidad has dejado de ser un cuerpo. En este momento la antigua inercia operará y dependerá de muchas cosas. Buda murió debido a que ingirió comida envenenada y no pudo ser curado. No murió porque el envenenamiento fuera peligroso -era muy común- sino debido a que carecía de vínculos corporales, de modo que no podía ser ayudado. Ahora la medicina acepta esto: si tienes apego a la vida, las medicinas te serán de mucha más ayuda. Si no tienes apego por la vida, las medicinas puede que resulten inútiles. Ahora se hacen muchos experimentos. Dos personas están enfermas en su lecho de muerte. Una está más delicada y carece de esperanzas de salvación, pero se muestra esperanzada y desea vivir más. La ciencia médica no tiene esperanzas, los médicos no albergan esperanzas, pero él si las tiene. El otro no está en un estado tan delicado. Todo el mundo se muestra esperanzado: «Sobrevivirá, no hay problema». Pero él carece de esperanza, no desea vivir. En su interior, de repente, algo se ha desprendido de su cuerpo. Ahora la medicina no puede ayudar. El morirá y el hombre más seriamente enfermo sobrevivirá. La medicina sí puede ayudarle. El cuerpo y la consciencia se relacionan por los deseos. Por eso es por lo que, si una persona muere sin deseos, no reencarnará otra vez, porque ahora no hay necesidad, no hay una causa para crear de nuevo otro cuerpo. He conocido a una persona que no podía dormirse debido a su temor a la muerte. La muerte puede sobrevenir durmiendo, y entonces ¿que podría hacer? Por eso se siente asustado; no puede dormir. Y creo que su miedo es válido, que su miedo tiene un significado, porque no tiene el deseo de vivir. ¡No carece de deseos! Sólo que no tiene el deseo de vivir. Más bien tiene el deseo de morir. Y si una persona tiene el deseo de morir, puede morirse durmiendo con mucha facilidad. Puede que tú te levantes por la mañana otra vez, no sólo porque la mañana ha llegado, sino porque tienes algo que te fuerza a levantarte. Esta persona no tiene nada; nada le fuerza a levantarse. Por eso no puede dormir debido al miedo y por la mañana no tiene deseo alguno de levantarse. ¡No hay nada que le fuerce a hacerlo! Y aún así digo que no carece de deseos. Está tan sólo frustrado; todos sus deseos se han frustrado. Cuando todos los deseos se frustran, creas un nuevo deseo: el deseo de morir. Freud, en su vejez, se topó con algo nuevo con lo que nunca había soñado. Durante toda su vida trabajó sobre la «líbido», sobre el deseo de vivir. Basó toda su estructura en la creencia de la fuerza de esa líbido, de este sexo, de este deseo por la vida, y al final se encontró con un segundo deseo. Al primer deseo le llamó «Eros» y al segundo «Tanatos». Tanatos significa deseo de muerte, deseo de morir. Freud empezó a percibir qué si no había un deseo por morir, ¿cómo podía morir un hombre? Debía de existir escondido en alguna parte un deseo de morir, pues en caso contrario, los biólogos afirman que el cuerpo puede continuar incluso hasta la eternidad. No hay ninguna razón necesaria por la que un hombre deba de morir tan pronto, porque el cuerpo contiene en sí mismo un proceso de auto-renovación. Puede continuar renovándose, pero hay tantas otras cosas... El cuerpo nace, como siempre hemos dicho, debido a la existencia de algún deseo de vivir. ¿Mmm? En realidad, Freud está en lo cierto. Se necesita un segundo deseo para completar el círculo. Debe de haber escondido un deseo de morir. Ese deseo de muerte te ayuda a morir y el deseo de vida te ayuda a renacer. Ese deseo de muerte le viene a uno muchas veces. Muchas veces te das cuenta repentinamente de él. Siempre que algo se frustra, como es el caso de la muerte de un amante o de un ser querido, de improviso el deseo de muerte se presenta y uno desea morir, no porque te hayas vuelto en alguien que no tiene deseos, sino porque tu deseo más anhelado es ahora imposible. Por eso empiezas a desear la muerte. Esta diferencia se ha de percibir, porque muchas personas religiosas no son en verdad religiosas, tan sólo desean la muerte; son suicidas. Es muy fácil el intercambiar el deseo por la vida por el de la muerte. Es muy fácil porque la vida y la muerte no son sólo dos cosas, son dos aspectos del mismo fenómeno. Por eso puedes intercambiarlos. Así sucede que aquellos que se suicidan son aquellos que están muy, muy profundamente atados a la vida. Debido a estar tan atados a la vida, siempre que se sienten frustrados no pueden hacer nada más que suicidarse. Una persona que no está muy atada a la vida no puede suicidarse. Y los suicidios pueden cometerse de dos formas: pueden ser a largo término y pueden ser a corto término. Puedes tomar el veneno ahora o puedes ir muriéndote lentamente durante muchos años. Depende del coraje que tengas. A veces sucede que no tienes coraje para vivir y tampoco para morir, y entonces has de morir lentamente. Se escoge entonces un suicidio a largo plazo. Uno se va abandonando poco a poco, muriendo, muriendo, muriendo. La muerte es un largo proceso, por grados. Este deseo por la muerte está ahí también y conlleva muchas, muchas implicaciones. Bernard Shaw, en los últimos años de su vida, abandonó la vida urbana y se fue a vivir a un pequeño pueblo. Alguien le preguntó, «¿Por qué has escogido este pueblo?» El contestó, «Pasaba por el cementerio cuando me encontré con una lápida en la que estaba escrito: «Este hombre murió a la edad de ciento diez años. Su muerte fue intempestiva». Así que pensé que en este pueblo merecía la pena vivir. Si la gente aquí piensa que ciento diez años es una edad intempestiva, es bueno vivir aquí». Y verdaderamente vivió durante largo tiempo. Los psicólogos dicen que esto es una fijación. Si todo el país cree que setenta es el máximo, esto se convierte en una actitud mental fija. Si todo el país cree que cien es el máximo, cien se convertirá en el máximo. Si el país comienza a pensar como un todo, colectivamente, no hay necesidad de morir tan pronto y ese hombre puede vivir trescientos años. Si todo el país fija los trescientos años como máximo, entonces el cuerpo puede vivir durante trescientos años. Es una hipnosis colectiva. Sabemos que una persona se volverá vieja a una determinada edad, todo el mundo lo sabe. El niño se da cuenta de cuando uno se vuelve viejo. El joven sabe cuando se acabará su juventud. ¡Todo el mundo lo sabe! Y es tan sobradamente conocido, es tan sugestivo, que todos saben que los setenta o los ochenta como máximo, serán el límite. Morimos a los ochenta porque creemos que los ochenta son el límite. Si puedes alterar el límite, no hay porque morir tan pronto. Básicamente no hay necesidad de que el cuerpo muera tan pronto. Es un proceso auto-regenerador. Se va regenerando, puede continuar. Esta hipnosis y el deseo de morir van unidos, se unifican. Porque si la vida requiere deseo, la muerte también necesita del deseo. ¡Por eso nunca decimos que Krishna murió. Nunca! Decimos que entró en samadhi. Nunca decimos que Buda murió. ¿Mmm? Fue el Nirvana, la Liberación. Nunca decimos que murieron porque, en realidad, para ellos, ¿cómo puede ser posible la muerte cuando la vida se ha vuelto un imposible? Entiende la implicación: si para Buda el vivir se ha vuelto una imposibilidad, ¿cómo puede darse la muerte? Una persona que no desea vivir, ¿cómo puede desear la muerte? Si carece de deseos en tal medida que la vida es un imposible, la muerte también será un imposible. Por eso nunca decimos que un Buda muere. Sólo decimos que pasó a una vida diferente. Nunca decimos que muere. ¿Por qué morimos? Morimos porque vivimos, porque estamos atados a la vida. Tenemos que separarnos de la vida, liberarnos. Cuando un Buda vive, vive por la inercia. El va en el coche y el coche va cuesta abajo. Se pare donde se pare, no formulará ninguna queja. En dónde sea. En el instante en que el coche se detenga, él se bajará. Ni por un instante percibirá que algo es incorrecto. No sentirá que nada esté mal; todo es como debería ser. Es capaz de vivir como si no viviera; puede morir como si no muriera. Pero si tú quieres seguir, significa que algún deseo está ahí. Osho